EL PARLAMENTARISMO
INELUDIBLE.
No me había leído el artículo de
Manuel Aragón "Hay que tomarse la
Constitución en serio" del viernes pasado en El País, y me ha parecido
muy recomendable.
Viene a decir entre otras cosa que con esto de la
pandemia el Parlamento no se reúne en toda su integridad ni con total regularidad y eso trae como consecuencia un peligro de cesarismo del Presidente del Gobierno, con lo que el sistema democrático de este
país se resentiría gravemente.
¿Y por qué no se reúne de modo regular?
Pues porque sus señorías que
tienen que estar ahí tan pegaditos unos a otros se pasarían los virus...
¡Pues hombre! hay que poner
remedio a eso, pero reducir los asistentes a las sesiones, suspenderlas o no
votar normalmente ¡francamente! no me parece de recibo.
En la guerra matan a mucha gente
¡pero van los soldados! Bueno, no quiero decir con esto que haya que exponer a sus
señorías a riesgo de enfermar o morir ¡Pero hay que buscar una solución!
Porque lo primero es lo primero.
O, como dice la abuela de Vir "lo primero es antes".
A mí se me ha ocurrido una idea
relativamente fácil.
No digo que para que la pongan en
práctica, porque ¡quién soy yo!
Sino para demostrar que es
compatible la salud de sus señorías con el normal ejercicio de sus funciones. O si no normal por lo menos salvando lo fundamental de su cometido.
Un modo de posibilitar el ejercicio integral de las funciones de los diputados salvaguardando su salud es trasladar las sesiones parlamentarias a un lugar mucho mayor, como por ejemplo el Palacio de los Deportes.
De modo que cada una de sus
señorías se coloque a una distancia prudencial de sus colegas inmediatos. Y con
un sistema de megafonía se dé viabilidad a las intervenciones orales.
¡Cualquier cosa antes de que se
resienta nuestra democracia!
Ya sé que es un alivio grande
para el Presidente del Gobierno dejar de escuchar tan ingratas intervenciones
que con frecuencia se producen ¡Pero ese el agobiante peso de la púrpura!
No sería necesario trasladar a la
Plaza de Felipe II los leones de bronce ¡que se podría! Porque no hay que exagerar.
A mí, como a cualquiera, hay
medidas que me molestan mucho. Como no poder salir a la calle. Pero no me quedo
en casa porque de salir la policía me multaría, ni porque los vecinos me
gritaran, ni porque mis hijas pondrían el grito en el cielo, sino porque
verdaderamente, estando las cosas como están, sobre todo a mis años, es
verdaderamente peligroso. Y si caes enfermo es un rollo aún peor que estar
encerrado...
Pero si saliera me empaquetarían, por lo que esa férula debe estar debidamente legitimada. Y en última instancia es el Parlamento quien tiene la facultad de legitimar, y el Gobierno poner en práctica lo legislado por el Parlamento.
Pero si saliera me empaquetarían, por lo que esa férula debe estar debidamente legitimada. Y en última instancia es el Parlamento quien tiene la facultad de legitimar, y el Gobierno poner en práctica lo legislado por el Parlamento.
Y como el Parlamento es quien detenta la representación más directa posible de los ciudadanos, instaurar y prolongar medidas tan drásticas, y otras muchas, es absolutamente indispensable que el Parlamento conserve su integridad y absolutamente todas sus prerrogativas.
Cualquier otra solución me parecería mal.
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