LA SOCIEDAD
MULTITUDINARIA.
¿Con cuántas personas nos
relacionamos verdaderamente?
Con las que hablemos o nos veamos
verdaderamente.
Yo diría que no más de 100.
Aunque a lo largo de la vida se
vayan incorporando gente nueva, pero también se van olvidando a gente vieja.
Lo que no me parece razonable son
esas multitudes. Montones de desconocidos con los que nos apelotonamos masivamente.
En medios de transportes,
públicos o privados colapsados ¡En estadios de bote en bote! ¡En
manifestaciones tan enormes! ¡En verbenas en las que no se puede dar un paso! ¡En
playas rebosantes! En un tráfico insoportable. En una atmósfera irrespirable. En
esos cruceros transportando a miles de turistas. Que descargan en los puertos
como termitas humanas. En esos aeropuertos rebosantes y con un tráfico
endiablado...
¡Eso no puede ser bueno! Lo
estamos viendo...Esas multitudes son pasto de epidemias arrastrándonos a
situaciones insoportables y degradantes.
Invasiones de seres mínimos que
infestan a la gente y en cuestión de días se propagan por todo el mundo.
Y nos dejan descolocados. Sin más
defensas que aislarnos unos de otros enfermizamente.
Separando núcleos familiares de
familias formadas por dos o tres de estos núcleos.
¡Fundiendo el sistema de
subsistencia!
Eso está fatal.
Hay que cambiar de orientación.
Ya lo había dicho: https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=6051550612031230408#editor/target=post;postID=5478587322168507539;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=
Me parece fatal que se concentren
multitudes de trabajadores y de clientes en
grandes urbes.
Y se abandonen pueblos, en los
que antes se vivía miserablemente. Porque no podía ser de otro modo. Pero los
que ahora se podría vivir y trabajar muy decentemente. Y estar bien comunicados
física y virtualmente, despejando las grandes urbes. Que se podrían utilizar
para albergar centros de ensamblaje de cosas producidas en los pueblos. Para localizar
centros administrativos generales y grandes centro de recreo, como grandes
teatros y estadios deportivos y museos.
A esas grandes ciudades podría
acudir la población en los días de fiesta, en el transporte público o en el
privado, haciendo uso de los aparcamientos disuasorios. Y no al revés como
ocurre ahora, que la gente vive hacinada en las grandes ciudades y sale como
alma que lleva el diablo los fines de semana y las vacaciones a los pueblos que abandonaron, o a las
playas.
No se puede despoblar las grandes
ciudades de la noche a la mañana, pero sí se puede ir cambiando la orientación.
Se hacen coches para gente que no
lo necesita porque ya lo tiene, Y que no puede usar libremente ¡Porque la
contaminación nos come!
Pero tendría sentido si se usara
para desplazar a la gente desde el pueblo donde vive y teletrabaje o que
trabaje en pequeñas industrias o en la agricultura. O para ir a otros pueblos, a
trabajar, o de compras, o para lo que
sea.
Y, desde luego, las residencias
de ancianos deberían estar en pueblos, apartadas de las grandes ciudades. Bien
comunicadas pero apartadas, con lo que saldrían ganando los residentes y se le
daría vida a los pueblos.
Y cuando uno ya está hartito de
tanta paz y de tanto oxígeno se pueda ir a las grandes ciudades a respirar
humo, al futbol, o al teatro, o a los grandes museos y exposiciones, o a pasear...
O a donde le dé la gana.
Pero dejar de estar siempre sumergido
en esa vorágine.
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