¡ESTO TIENE QUE TENER
UNA EXPLICACIÓN FÁCIL!
Pues eso. Que esto tiene que
tener una fácil explicación.
Porque es tan enorme. Tan
evidente. Tan inoculto que no puede pasar desapercibida su propia estructura.
Porque los jugadores descubren su
juego jugando.
Por aquello de que no hay peor cuña que la de la propia madera, y este nos está haciendo mucho daño, algo tienen que tener en común
los virus y los humanos
De ser así ¿qué es?
El oportunismo.
¿Y cuál es la diferencia?
Que los humanos provocan la
oportunidad y tras provocada la aprovechan y los virus aprovechan las
oportunidades que se encuentran hechas.
Y los pobres virus se aprovechan
de las pobres oportunidades que le brindan los murciélagos, los pollos, los
cerdos y así van tirando.
Pero si consiguen meterse en los
grandes fabricantes y explotadores de oportunidades...
¡Tenemos la que tenemos!
La humanidad se ha especializado
en lo gigantesco, lo grandioso, lo macroscópico, lo enorme que provoca la
concentración.
Antes la humanidad estaba
dispersa, en pequeñas poblaciones que fueron abandonándose y se concentró en
grandes urbes. Con grandes centros de producción y grandes centros comerciales.
La actividad de la población se centró en trabajar y en consumir, de modo
totalmente pasivo. Trabajando en tareas preestablecidas y consumiendo
pasivamente según planes preestablecidos. La iniciativa personal reducida al
mínimo y sujetas a las ordenes de las minorías pensantes...
El resultado es aparentemente
óptimo.
Verdaderamente pésimo.
A la vista está.
Sirviendo esta humanidad de pasto
incondicional a una población de virus infinitamente pequeños. Y pasan los
meses, se acumulan los muertos y seguimos inermes ante esta terrible plaga.
Encerrados como conejos como único recurso de supervivencia...
Hasta que se invente una vacuna y
una medicación adecuada y se domeñe este virus...
¡Y asunto concluido!
Pues no.
Porque vendrá otro virus que hará
otro tanto...Y luego otro...Y luego otro...
¡Qué pesimismo!
Pues no. Qué realismo.
Porque la única solución que cabe
es la dispersión.
Volver a los pueblos vaciados.
Trabajar y holgar en ellos.
Y las grandes ciudades dejarlas
para lo que sirven. Para ser parques temáticos a los que acudan de vez en
cuando. Muy de vez en cuando los habitantes de las ciudades medianas, de los
pueblos y de las aldeas.
En nuestro país hay cincuenta
provincias con más de cincuenta capitales y ciudades grandes y muchos pueblos
pequeños, muchos de ellos encantadores. No es solo Madrid y Barcelona con sus
áreas metropolitanas.
Dediquemos los esfuerzos en
dispersar no en concentrar, porque la hipeconcentración conduce al desastre.
Si es que no lo vemos es que
estamos ciegos.
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