APRENDICES DE BRUJO.
Me hacía eco, como me hago ahora,
de premios nobel del ramo de la biología que pensaban que el COVID 19 es
artificial. Y mi amigo Agustín decía que no basta con ser premio nobel, que hay
que
probarlo.
Lleva razón, no obstante a la
vista de lo divulgado en estos meses de terrible crisis epidemiológica se sabe,
no sé cómo, que los científicos se las pueden ingeniar para cortar cadenas de
RNA, suprimir trozos y añadir otros con el sano propósito de fabricar vacunas.
Y también se sabe que el COVID 19
es un trozo de cadena de RNA con una envoltura proteínica, que tampoco me lo
explico muy bien, con una incontenible voluntad de vivir y multiplicarse. De modo que si consigue meterse en las vías respiratorias de alguien a través de su tejido mucoso se pone a replicarse como loco invadiéndolo completamente y de ahí a propagarse a otros
individuos, corriendo las víctimas diversas suertes. Desde no notarlo apenas hasta terminar con su vida...
El caso es que los virus no
tienen patas ni alas por lo que no pueden ir en pos de sus víctimas...
Pero no necesitan alas ni patas
porque cuentan con la inestimable cooperación de sus víctimas que hablan, gritan, cantan, tosen y estornudan y con ello esparcen su saliva emponzoñada y en poco tiempo se
propagan por todo el mundo valiéndose de las piernas de sus víctimas, de
las alas de los aviones que transportan en poco más de un día a las antípodas,
y si es más cerca llegan antes.
Lo que más favorece la
propagación de los virus son las multitudes. Y como a sus víctimas lo que más les
gusta son precisamente las multitudes diríamos que se junta el hambre con las
ganas de comer.
Porque las mejores urbes son las
multitudinarias, los mejores negocios florecen en las multitudes con multitud
de currantes y multitud de clientes, los mejores espectáculos son los
multitudinarios...
Y cuando se forma una de estas
hay que fabricar vacunas ¡a todo gas!
Y como se fabrican manipulando cadenas
de RNA y produciendo engendros ultramicroscópicos que puede que sean inofensivos ¡o no! que las cadenitas de RNA las carga el diablo y si algún negligente les dé alas ¡pues ya la tenemos! como me contaba una
compañera mía, de un instituto, que antes trabajaba en un laboratorio, que tuvo
que dejarlo presa del terror porque a veces se volcaba en la mesa o en el suelo
una probeta de un líquido de apariencia inocente pero lleno de diabólicas
criaturas...¿Y qué hacían? Pues qué iba a hacer ¡tirar de bayeta y de fregona!
Y como además la mujer era muy miope vio, paradójicamente, que su vida corría
peligro.
Visto lo visto, asegurar en esto la supervivencia de
la especie pasaría por cambiarle el rollo a la gramola.
Pero no nos engañemos...
¡No se le va a cambiar!
Porque nuestros líderes sociales y económicos tienen muy claro cuál es su norte:
¡Forrarse a todo trapo!
¿Y el común de los mortales?
No privarse de ningún capricho
¡hombre!
No hay comentarios:
Publicar un comentario