LA CIGARRA Y LA
HORMIGA.
Este virus, además del trágico
balance sobre nuestra sociedad ha desvelado la debilidad de su estructura, que
de haber sido más fuerte posiblemente hubiera sido menos demoledor.
Ha desvelado que estamos bajo el
síndrome de la cigarra, de la "dolce vita", cuya contrapartida es
vivir peligrosamente.
Porque, claro, el peligro en sí
mismo no es nada, lo malo es cuando se concreta realmente. Y, desgraciadamente,
se ha concretado.
Nuestra situación se manifiesta
si caemos en la cuenta de ¿cuáles son nuestras prioridades?
"Grosso modo":
El futbol, los bares, la playa y el "pelotazo" como paradigma económico.
Y ¿Cuáles nuestras
postergaciones?
La sanidad, la autosuficiencia
industrial, la educación y ganarse la vida sin dejar cabos sueltos.
Más coherente con nuestros
paradigmas es que trabajen las hormigas: los chinos en China y nos manden todo
a precio de saldo. Y los que curren aquí que lo hagan por salarios miserables,
que los más "listos" tienen que vivir olgadamente de acuerdo con su
talento.
¡Para llorar!
Me encantaría estar equivocado.
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