EL DERRIBO DE ESTATUAS.
Se ha puesto de moda derribar
estatuas en los Estados Unidos como reacción del asesinato de George Floyd por
un policía.
Estatuas que tienen que ver con
el esclavismo sureño y con la colonización española a la que en USA les tienen
gato. Y andan pagando los vidrios rotos Cristóbal Colón y Fray Junípero Serra.
Esa moda no es nueva. Es una
costumbre talibana acreditada por la voladura 2001 de dos esculturas gigantescas
de Buda del siglo VI. Y ante tal paralelismo cómo es que a esos perpetradores
no se les cae la cara de vergüenza.
Uno es que debe ser un carca
repugnante al que le parece que esos happenig son salvajadas.
Lo suyo sería que los contrarios
a los hechos que motivaran la exaltación de tales personajes pusieran en la
peana de esas estatuas lápidas, que no desentonaran con la estética de tales
monumentos, con inscripciones que argumentaran las razones de su repudio.
Reacciones tan destructivamente maximalistas
indican la ignorancia del relativismo histórico y acreditan la brutalidad de
los ejecutores de tales actos. O sea que dime de qué presumes y te diré de qué
careces.
Las estatuas en general son
signos que tienen un significante y un significado.
El significado principal, que no
tiene uno solo, es el personaje representado y el significante es la propia
escultura.
Los derribadores que las derriban
se atiene con sus actos al significado sin reparar en el atropello que supone
privar a la sociedad de un bien cultural de tales significantes.
Yo creo que en la mayoría de los
casos a la mayoría de la gente le trae al fresco el significado de las estatuas
¡hombre! las de Franco cantan mucho. ¿Y qué habría que hacer en esos casos?
Pues depositarlas en museos, en jardines escultóricos.
A riesgo de parecer partidario de
la herejía que supone "el arte por el arte" estoy en contra del arte
como propaganda ¡y mira que ha dado tan buenos frutos en el estricto plano de
la estética! Y, desde luego, ver a un tío de gran talla en
piedra o en bronce, a pie o a caballo en medio de una plaza o una glorieta lo
encuentro francamente ridículo.
En el plano del compromiso
ideológico tales cultos a la personalidad me parecen impropios, va en contra
del igualitarismo que debería ser básico en nuestra civilización. Pero si están
desde antes ¡hay que dejarlo! Lo cual no quita que en ocasiones "algunos
de nosotros" tenga actuaciones admirables y providenciales. Y puestos a
resaltar a un congénere en una estatua habría que sentarlo en un inodoro, me
parece, porque esa será sin duda una pose habitual y compartida con toda la
población, por lo menos una vez al día. (Y si no ¡mala cosa!)
Y a mí, que me rasgo tanto la
vestiduras por las talibaneces referidas al significado de las estatuas ¿me
darían ganas de derribar algunas estatuas debido su significante?
¡Pues hombre! Tengo que confesar
que sí.
No es que la derribara, pero
¡vamos! que la esculturita de Velásquez en la calle del mismo nombre esquina a
Juan Bravo...¡tiene tela! Y si le cayera un piadoso rayo, no sería yo el que
derramara ni la más mínima lágrima. La era Álvarez del Manzano fue fértil en
estatuas de esa laya, por ejemplo la de La Violetera. Y lo peor es que no se
les puede depositar en un jardín escultórico porque se contaminaría fatalmente,
y la melaza que destilan pondría en riesgo la vida de los diabéticos que osaran
entrar.
Moraleja ¡Que no hay que ser tan
bestia, hombre!
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