LA SEÑAL.
Estaba con mi chica en "Shanghái",
que es un vivero donde venden plantas. Es fantástico. Está, más o menos en el
límite entre San Chinarro y La Moraleja, por la parte que antes era Encinar del
Rey. A la espalda de los Dominicos de Fisac, donde este arquitecto tenía su
casa, con su estilo característico, y donde vivió hasta pasados sus cien años.
Si aún no conocéis ese vivero, y vivís en Madrid ¡no os lo podéis perder! Es
como una especie de paraíso, muy propio para la historia que os voy a contar.
Íbamos ya con el carrito lleno y
me veo un cura joven, con camisa y pantalón negros y alzacuellos blanquísimo
que contrastaba vivamente con el negro atuendo ¡Cuál no sería mi sorpresa
cuando se dirige a mí y me dice que fue alumno mío de dibujo del natural! Yo
¡ni flores! Mira que me gusta vacilar de que no olvido una cara de un alumno
¡mentira podrida!
¡Hombre! Y eres cura.
Todavía no, ahora soy diácono,
pero me ordeno próximamente.
¡Qué bien enhorabuena! Le
presento a mi chica, mira es alumno mío. También le felicita y le desea mucha
suerte.
Me dijo que había interrumpido la
carrera de bellas artes en 3º...
¡Pues continúala!
Eso mismo me dice el obispo, que
sería muy conveniente tener Bellas Artes para mi trabajo de sacerdote.
Pues si te lo dice tu jefe ¡hazle
caso!
¡Pues sí, esto ha sido una señal!
Mi alumno, que se llama Pablo, no
cayó del caballo ¡ni falta que hacía! ¡pero vio la luz!
Ya veis, se dibuja derecho con
trazos torcidos...
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