Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

martes, 16 de diciembre de 2008

Los infinitos espacios.

Este post, precedido por esta imagen que no es del Salterio, pero es contemporánea, se lo dedico a Nico y a Jorge. LAS DIMENSIONES.

Está de moda el tema de las dimensiones. Que si las imágenes 2D o 3D. Que si la 4ª dimensión es el tiempo. Que si el tiempo es o no es una dimensión ¡Qué se yo!

Y ligado a las dimensiones está el espacio.

Veamos: ¿Qué es el espacio?

Se podría decir que el espacio es un sitio con dimensiones.

Y las dimensiones se suelen definir como “grados de libertad”.

Se suele designar al espacio con la letra R y con un sufijo correspondiente al número de dimensiones. De modo que:


R0 es un espacio sin dimensiones. Carece por ello de libertad. Sus habitantes están encarcelados y no pueden moverse porque están como atados de pies y manos.

Un PUNTO inmóvil y congelado es la figura más simple de tal espacio.


R1 es un espacio con una dimensión. Con una dirección y dos sentidos: de derecha a izquierda y viceversa.

En tal espacio un punto puede moverse. Y si se congela el movimiento de un punto hasta alcanzar a otro punto resulta un segmento lineal. Un SEGMENTO rectilíneo es la figura más simple de ese espacio. Que está compuesta además por dos puntos, los de sus extremos.


R2 es un espacio bidimensional. Tiene dos grados de libertad: de derecha a izquierda y de adelante a atrás y todas las posiciones intermedias. Tiene, por lo tanto dos direcciones y cuatro sentidos. En ese espacio caben cómodamente los espacios R0 y R1.

La figura más simple de este espacio es el TRIÁNGULO. Que puede concebirse como la congelación del movimiento de los puntos de un segmento rectilíneo que fueran a unirse con un punto exterior.

Un triángulo está formado por 3 puntos, que son sus vértices, 3 segmentos rectilíneos que son sus lados, y un trozo de plano limitado por todo esto.

Pero ¡ojo! Que los triángulos como los conocemos, que son bidimensionales ¡están colocados en un espacio tridimensional! Porque un triángulo, bidimensional, visto desde dentro de un espacio también bidimensional, se ve totalmente de perfil. En forma de ángulo plano, o de un mero segmento. Y para poderlo distinguir de un segmento o de un polígono de más lados ¡hay que rodearlo! Y por ello gastar tiempo. Por lo que la dimensión “que falta” parece tiempo.


R3 es un espacio tridimensional o tridireccional. Con largo, ancho y alto. La figura más simple de este espacio es el TETRAEDRO. Que puede concebirse como la congelación del movimiento de los puntos de un triángulo que fueran a unirse con un punto exterior.

Un tetraedro está formado por: 4 vértices, 6 lados, 4 caras triangulares, y un trozo de espacio G3

Las personas, otros seres vivos, nosotros mismos y muchas cosas son tridimensionales Y una de dos: o el espacio en que estamos es también tridimensional ¡y en tal caso todo esto lo vemos deformado! O vivimos en un espacio tetradimensional ¡que no notamos!


R4 ¡es un espacio tetradimensional! Inimaginable pero perfectamente comprensible, del que podemos saber muchas cosas ¡tantas como sabemos de los anteriores! No podemos imaginar las cuatro direcciones y sus ocho sentidos.

La figura más simple de este espacio tiene un nombre conocido, se llama PENTACÉLULA y puede concebirse como la congelación del movimiento de los puntos de un tetraedro que fueran a unirse con un punto exterior. Y tiene 5 vértices, 10 lados, 10 caras, 5 cuerpos y es un trozo de espacio con cuatro dimensiones comprendido por todo lo anterior. Puede representarse perfectamente en 2D o en 3D a pesar de que tenga 4D, ya que es habitual que se represente en 2D lo que es 3D.


R5 es un espacio pentadimensional Tampoco podemos imaginar las cinco direcciones y sus diez sentidos.

La figura más simple de este espacio no tiene nombre que yo sepa, así que aprovecho la ocasión para llamarle NICOLIO que puede concebirse como la congelación del movimiento de los puntos de una pentacélula que fueran a unirse con un punto exterior. Tiene: 6 vértices, 15 lados, 20 caras, 15 cuerpos, 6 pentacélulas y un trozo de espacio pentadimensional comprendido por todo lo anterior.

También puede representarse sin dificultad en un espacio 3D o en uno 2D.


R6 es un espacio hexadimensional del que tampoco podemos imaginar sus seis dimensiones y doce sentidos.

La figura más simple de este espacio tampoco tiene nombre que yo sepa
por lo que la bautizo por mi cuenta y la llamo JORGELIO. Puede concebirse como la congelación del movimiento de los puntos de un nicolio que fueran a unirse con un punto exterior. Y tiene: 7 vértices, 21 lados, 35 caras, 35 cuerpos, 21 pentacélulas, 7 nicolios y un trozo de espacio hexadimensional comprendido por todo lo anterior. También puede representarse sin dificultad en un espacio 3D o en uno 2D.

Y esto es el cuento de nunca acabar, porque podemos concebir espacios de las dimensiones que queramos y podemos dibujar sus figuras más simples, de las que podemos conocer exactamente todos sus elementos, gracias al triángulo de Tartaglia o de Pascal que está reproducido a continuación y que se puede continuar indefinidamente.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Mazo de siglos.

VIVIR EN TRES SIGLOS.

Ya se que nadie puede vivir 300 años, y son raros los que pueden vivir un poco más de 100. Pero vivir en dos siglos es fácil ¡Nos viene pasando a todos!

Vivir en tres ya parece imposible. Pero los siglos se solapan. O ¿es que ahora que estamos en el XXI no queda nada reconocible del XX? ¡Lo que cuesta reconocer es lo que hoy hay "ex novo" exclusivo del XXI! Posiblemente el XIX se solaparía demasiado sobre el XX en nuestro país que pudo sufrir dramáticos retrasos debido a catástrofes históricas, como las del 98 y del 36.
Bien pudo solaparse el XIX sobre la mitad del XX. De modo que los que nacieran en el año 40 podrían vivir en tres siglos: En el último tramo del siglo solapado, en la mitad del propio (propiamente dicho) y en el siguiente ¡Y eso es exactamente lo que me está pasando a mí!

El problema está en poder comprobarlo.

Porque si hubiera gente que viviera doscientos o trescientos años se podría recurrir a ellos ¡Pero no hay!

Recurramos al arte. Generalmente después del telediario de la tarde sintonizamos TeleMadrid y vemos, entera o sólo un trozo, la enésima película del oeste que ponen cada día. Y la mayoría de estas películas están ambientadas en el siglo XIX. Y como parece que están magníficamente documentadas, puede que sean fieles representaciones de hechos ocurridos en el siglo XIX. Y el panorama que en esas pelis se representa es calcado al que yo recuerdo perfectamente en la Huelva del segundo lustro de la década de los cuarenta y en prácticamente toda la siguiente.

Ergo he podido vivir en el siglo XIX. Lo he vivido, lo he palpado, me ha envuelto.

La verdad es que se parecía muy poquito al Siglo XX propiamente dicho. Mucho adoquín por la calle. Mucho mulo, mucho burro y mucho caballo. Y muchos cagajones en los adoquines empapando el ambiente de ese aroma dulzón tan característico.

También había mucho mantón negro en las mujeres. Espeso en invierno y tenue manto transparente en el verano, aunque sobre otro algo más opaco pero ligero. Negro zaino o color “ala de mosca”.

En los hombres no era tan frecuente en la clase obrera la imagen castellana de la boina negra, como el sombrero cordobés, negro o gris, o la gorra. Y el traje, en la más acomodada, o en la que tenía más voluntad de acomodarse.

El despliegue mayor de indumentaria era el religioso, junto con el castrense.

Los curas, tonsurados, con sotana, manteo o gabán. Eso de diario, porque en desfile procesional era ya una exageración.

Las monjas era un despliegue el que hacían. Se llevaban la palma las de San Vicente Paul con esas alas blancas enormes sobre la cabeza. Pero a mí me impresionaban unas que creo que eran la Adoratrices. Iban en parejas, y las acompañaban, por detrás, una sirvienta. Las monjas llevaban el rostro enmarcado por una golilla, como la de Cervantes; pero más menudita. El hábito creo que era marrón, y el manto negro, me parece. Las sirvientas vestían de forma aún más espectacular. Lo más vistoso era el peinado, con raya en medio y dos gruesas trenzas que se recogían arriba, un poco como la Dama de Elche. Creo que llevaban un vestido de rayitas azules y blancas, con delantal y mantón negro y un enorme canasto de mimbre con un trenzado que hacía juego con el de la cabeza.

La clase militar no iba a la zaga. Había muchos soldados por todos los sitios, de caqui y con el gorrillo ese con la borla inquieta. Los oficiales y los suboficiales con sus estrellas y sus galones. Y los policías: los grises y los municipales.

Aparte de la gente uniformada, era también muy decimonónico el transporte. Predominantemente de tiro animal. Muchos carros de mulas, muchos coches de caballos, pocos automóviles y muy antiguos. Los barcos de pesca pequeños eran de vela, los mayores y los cargueros de vapor, como el ferrocarril, aunque ya se empezaba a imponer los motores de combustión interna y los eléctricos. La iluminación era totalmente eléctrica, pero se inventó en 1882 y se extendió rápidamente, o sea que es más decimonónica de lo que parece.

Del XX y del XXI ¿qué os voy a decir que no sepáis? Pero lo más llamativo del pasado es que no ha pasado del todo y yo lo he podido ver en casi todo su esplendor.

Y a lo mejor vosotros, los más jóvenes, también.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Una voluntad inquebrantable.

Este post, precedido de este dibujo, que no es del Salterio, se lo dedico a Alfonso y a Pilar. EL PINTOR CIEGO.

Después de que un super-músico como Beethoven fuera sordo no debe extrañar mucho el que haya pintores ciegos. Pero, con todo y con eso, un ciego que sea pintor, dibujante y escultor choca lo suyo. Yo conocí a uno y os lo voy a contar.

Hace ya mucho tiempo, cuando estudiaba, vivía en el colegio mayor Guitarte y tenía dos compañeros músicos que eran ciegos, Simón y Juan. Y, por surrealista que parezca, los llevaba al Museo del Prado y a ver exposiciones.

Le explicaba lo que veía y lo que me parecía. Es algo absurdo, lo reconozco, pero no más que retransmitir partidos por la radio ¡y se hace!

Una vez visitamos la que seguramente sería la primera exposición de Picasso en Madrid después de la guerra, en el Museo de Arte Contemporáneo, cuando estaba en el piso bajo de la Biblioteca Nacional. Era una exposición de grabados que yo iba describiendo. Ante uno de ellos iba diciendo:

Se ven figuras. Unas grandes y otras más pequeñas…

¿No estarán en perspectiva? Me interrumpió Juan.

¡Coño, pues es verdad! El ciego se había dado cuenta de lo que a mi se me había pasado desapercibido.

También vimos la exposición de Velázquez en el Casón en el año de Maricastaña, en la que nuestra presencia despertó algún asombro entre otros visitantes.

El caso es que pasaron muchos años y un día Juan me llamó para ver si quería “peritar” una solicitud de beca de la ONCE para financiar un taller de artes plásticas para ciegos. Era una pasta la que solicitaba, 3 kilos de hace bastantes años. Le dije que encantado ¡como me podía perder eso!

La casa del solicitante estaba cerca de la glorieta del Marqués de Vadillo. Juan llamó al portero automático y cuando le contestaron dijo con voz sombría: “Somos de la organización” ¡No cabía en mí de gozo!

Subimos las escaleras y entramos en un piso más bien pequeño atestado de muebles. No sabía cómo se apañaría en aquel laberinto aquel matrimonio de ciegos.

A la esposa ya no la recuerdo, pero el que había pedido la beca era encantador y nos enrollamos enseguida ¡porque era un auténtico artista! Y eso yo lo noto en seguida.

Nos enseñó los cuadros que tenía por allí colgados, y dijo que no tenían importancia. Y así era. De colores chillones correspondían por no se qué sistemas a experiencias cromáticas que todavía experimentaba a pesar de que ya era totalmente ciego, aunque no de nacimiento. Eso era debido a que si se frotaba los ojos veía colores. Parece que esas son experiencias muy corrientes, pero a mi no me pasan. Aunque recuerdo que de pequeño si me frotaba los ojos veía chirivitas.

Inmediatamente dejamos tales divagaciones y entramos en materia. Habló de sus investigaciones estéticas que rayaban en la psicología. Cómo había hecho unos rectángulos de cartón en diversas proporciones que había presentado a una población de ciegos para que manifestaran sus preferencias, para luego correlacionarlas con el grado cultural de los entrevistados. La conclusión a la que había llegado es la siguiente:

A los más incultos les daba igual unos que rectángulos que otros.

Los medianamente cultos preferían el cuadrado.

Los más cultos todavía preferían el rectángulo suma de dos cuadrados.

Los cultísimos preferían el rectángulo áureo.

Me pareció en ese momento que estaba más interesado en objetivar la emoción artística que en la propia creación, pero me interesó muchísimo, porque tratar de racionalizar la subjetividad propiamente artística es algo que siempre me ha interesado especialmente.

Estaba claro que nos encontrábamos ante un artista plástico, y el que fuera o no ciego no pasaba de ser meramente circunstancial.

Luego pasamos a una mesa de dibujo con un tecnígrafo, y nos enseñó sus dibujos, que trazaba clavando agujas de coser de distintos grosores. Del mismo modo que se usan “rotrings” de 0,2 - 0,4 y 0,8, nuestro amigo usaba agujas de coser de tres calibres. Eran dibujos constructivistas en braille que estaban muy bien.

Iba sumando puntos.

Luego nos dijo que le habían preparado el goniómetro de su tecnígrafo. Como mucha gente no sabe como son, digo que los tecnígrafos consisten en dos reglas en ángulo recto que se desplazan por el tablero mediante un brazo articulado o mediante dos carriles perpendiculares entre sí. Y dicho ángulo puede girar en torno a su vértice, accionando un pomo. Yo vi que el pomo era más abultado de lo normal. Nos dijo que el goniómetro mostraba el valor del ángulo en una pantallita de cristal líquido, e hizo una demostración. Pensé: ¡bastante importa que el cristal sea líquido, sólido o gaseoso! No había terminado mi impertinente pensamiento cuando accionó el pomo, y se oyó una voz proveniente del aparato: “ochenta grado, veinte minutos, treinta segundos” Había quedado claro que la fe mueve montañas y la voluntad cordilleras.

Más puntos.

Aún quedaba por ver el último prodigio. La máquina con las que hacía sus esculturas.

Era un banco de carpintero mecanizado. Consistía la mecanización en una sierra circular que cuando la accionaba giraba rugiendo dejándose de ver sus agudos dientes de tiburón. También tenía una sierra caladora que subía y bajaba rapidísimamente. Y una fresadora que daba miedo. Y un terrorífico cepillo, que consistía en un cilindro con una cuchilla a lo largo de una generatriz, que giraba enloquecidamente y ponía los pelos de punta.

Pero ¡¿cómo puedes manejarte con todo eso?! ¡¡Te puedes matar!!

¡Qué va! No me equivoco nunca. Jamás he tenido el más leve percance, porque me voy aproximando con la madera que quiero trabajar con cuidado, por este lado…No podía salir de mi asombro.
Por supuesto que informé positivamente su petición. Y me quedé pensando que cuántos bancos como el suyo podría comprar con los tres millones. Y si sus alumnos serían tan cuidadosos como él. Porque sino…¡Menudo cargo de conciencia el mío!


domingo, 23 de noviembre de 2008

La funcionalidad del arte.

Este post, precedido de este dibujo del Salterio, se lo dedico a mi amigo Ignacio, que coincidimos hace unos días en la reciente presentación a la que me refiero hoy, y me dijo que me sigue cada semana. PRESENTACIONES.


Hace unos días fui a la presentación de un libro de Leguina.

Mientras que estaba allí sentadito me acordé de otra presentación a la que también asistí, hace unos cuantos siglos.

Fue en la, ya desaparecida, Librería Cultart, semiesquina a la Glorieta de Quevedo. Era famosa esa librería por el drenaje de libros que hacía la ilustrada progresía de la época, a la que pasar por caja le producía alergia. Por lo que terminaron por cerrarla.

En el sótano tenía parte de la librería y una sala de exposiciones.

En dicha sala había una exposición mía. Realmente una instalación formada por módulos serigrafiados en azul sobre blanco, de los que hay una imagen al final de este post.

Al ladito mismo de esta sala se hizo la presentación. No recuerdo ni el título del libro ni el nombre del autor. Tan sólo me suena que el tema era europeista.

Yo había ido a mi expo para recibir a los amigos que pudieran ir, y ojeaba libros por echar el rato en la parte de la librería, a la que iba llegando gente para asistir a la presentación. Y venga a llegar gente, y a petarse aquello. Mientras que mi sala, muy iluminada en contraste con la penumbra de la librería, permanecía totalmente desierta ¡no entraba nadie!

La verdad que cualquier otro le hubiera desmoralizado aquello, pero a mí no. A mi es que esas cosas no me desmoralizan. Pero sí me llamaba la atención porque estaba fallando la física de los vasos comunicantes al permanecer un espacio lleno y otro vacío a pesar de estar comunicados.
Comenzó el acto en aquel espacio abarrotado de público. Se desarrolló brillantemente. Grandes y entusiastas aplausos al final. Y alguien dijo gritando:

¡Vamos a hacernos unas fotos!

¿Adónde?

¡En el OP ART!

Y entraron en tropel en mi exposición. Que se llenó hasta los topes. Y allí estuvieron posando y haciendo fotos tan contentos.

Llevaban toda la razón ¿Qué sentido tiene entrar en una habitación con pinturas o sin ellas sólo para mirar? ¡Ninguno! Siempre que voy a un museo me sorprende ver que están las paredes repletas de cuadros, que contempla la gente embobada y reverente ¡Los museos son casas gigantescas donde no vive nadie y se llena de mirones!

Si se entra en una habitación es para habitarla, es decir, para usarla. Y un uso excelente de una habitación debidamente configurada es hacerse fotos.

Porque para hacerse buenas fotos se necesita un sitio aparente y aquel lo era.


domingo, 16 de noviembre de 2008

Escatología ferroviaria.

Este post, precedido por este dibujo del Salterio, se lo dedico a Lugán. MEAR EN EL TREN.



Hace unas pocas semanas estrenamos el AVE de Barcelona.

Pasamos primero por los yesos y evaporitas del este de Madrid. Que tienen la emoción de ser el fondo del mar tropical que hubo en Madrid, cuando “vaya, vaya que aquí si que hay playa”. Claro que de esto ya hace tiempo. Del orden de 300 millones de años ¡Pero el fondo seco de ese mar permanece! como elocuente testigo, que hay que saber escuchar. Como cuando se sale por carretera por el norte y se ve que el Pico de la Miel está encaramado en el borde de un enorme valle glacial, que se descubre por el perfil en forma de U y por los pedrolos de la morrena que están por allí desperdigados ¡Menudo Perito Moreno teníamos por aquí!

Pero volviendo al ferrocarril, parece mentira lo poco que tienen que ver los trenes AVE con aquellos trenes correos arrastrados por locomotoras de vapor. El caso es que parece que fue ayer cuando viajaba en ellos.

Aquellos viajes eran interminables y aburridísimos y la rutina la rompía momentáneamente un policía secreta franquista que iba pidiendo que le enseñaran los DNI. Pero claro, esa distracción duraba poco. Y la conversación con los colegas más, pero también se agotaba. Era muy aburrido.

Me contaba mi amigo José Luis Díez que a la vuelta a Madrid después de unas Navidades en casa, a las tres de la mañana, en la eterna parada en Alcázar de San Juan, en el vagón de tercera abarrotado, con los pasillos llenos de gente durmiendo. Resultaba imposible salir del disputado asiento para mear. Un joven pasajero como pudo se encaramó en el asiento, o donde fuera, se la sacó por la ventanilla y se puso a aliviarse cuando oyó unas airadas protestas del exterior.

Y es que, con tan mala fortuna ¡quién lo iba a imaginar! pasaba por debajo en ese momento, un operario de RENFE, haciendo su trabajo en aquella gélida madrugada. Que consistía en ir golpeando con su martillo, de largísimo mango, las ruedas del tren para descubrir por el sonido aquellas que pudieran estar dañadas. Y claro, recibir de pronto, sin que se lo esperara, esa cálida y humeante lluvia de oro no le hizo ninguna gracia, y de ahí sus exclamaciones e improperios.

Ahora todo es distinto ¡esto ya es el primer mundo! Y desde luego lo mucho que ha cambiado este país, también se nota en cómo se mea en el tren.



Cuando entré en ese pequeño retrete del AVE me quedé de piedra. El excusado hubiera podido ser una legítima obra de Lugán. Consiste en un perfecto cono de acero inoxidable. Y al pulsar el botón descubro cuatro diminutas espitas por las que salen silbando roncamente cuatro ángulos de un líquido azul retinto. No ultramar sino más bien azul de Prusia. Se tiñó rápidamente aquel cono. Luego fue cayendo el líquido en el vértice. Y de pronto una ruidosa absorción lo hizo desaparecer súbitamente.

Evidentemente Marcel Duchamp había sido noqueado completamente por esa estética más propia de Lugán. El paralelismo es doble. Entre este retrete luganiano y la famosa “Fontaine” de Duchamp. Y digo doble porque Duchamp y Lugán se parecen muchísimo, como puede apreciarse en las siguientes fotos:




Este es de Duchamp


y este es Lugán



Me diréis que el retrete del AVE no lo construyó Lugán ¡Anda! Ni el urinario empleado para la fontaine lo construyó Duchamp.

Y me diréis además que Lugán no se “apropió” de aquel objeto como obra suya. Pues sí que se apropió, porque le conté la historia y asumió esa paternidad.

De lo que doy fe.
Esta es la Fontaine de Duchamp

Y este el inodoro del AVE


*Cliqueando en Lugan en rojo sale el post correspondiente.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Un realismo más real.

Este post, precedido por esta imagen que no es del Salterio, pero como si lo fuera, está deicado a Bernarda y a Pedro. EL COLOR QUE ESTÁ DE MODA.



Barack Obama ha puesto de moda lo moreno. Y ha puesto de moda América del Norte entre los progres. Y ha sacado de escena al KKK.

Se dice que es el primer presidente negro. Y no es verdad. Porque este señor no es negro, negro es su padre, y blanca es su madre. Él es, mestizo. Luego es perfectamente lógico que un país que es mestizo, tenga un presidente mestizo ¡Es lo que pasa siempre! Los países con mayoría de blancos tienen un jefe de estado blanco, los de negros los tienen negros, los amarillos, amarillos, etc. El caso es que USA ha dado una lección al mundo, por hacer (dejar de no hacer) lo que procede.

Claro que nada de esto es cierto, porque los negros no son negros, sino tirando a marrón. Ni los blancos son blancos, sino rosita y los amarillos rosita como los blancos.

Y queramos o no, nos metemos de lleno en el tema del racismo.

Me leí una vez en Alianza el libro de Paulette Marquer “Las razas humanas”.

Creo recordar que en ese libro se dice que efectivamente se puede hablar de razas, como tipologías humanas referidas a la geografía física. Pero como la gente viaja se forman unos batiburrillos de difícil seguimiento. Aparte de que las razas son el efecto de los viajes de las poblaciones.

Desde luego las razas de las que se habla en ese libro no tienen nada que ver con las razas del racismo, porque hay muchas razas de gente con la tez clara, y muchas con la tez oscura, por lo que el color de la tez ayuda poco a la taxonomía. Las razas tienen más que ver con las épocas en las que se perfilaron.

Todas las razas se cree que proceden de lo que se llama una “población salvaje”. Que es la que carece de rasgos generales, sino que los tiene de todas las clases. Tiene un aspecto muy parecido a la población formada gente de todas las razas que vinieran mezclándose desde hace mucho tiempo.

De una población salvaje se decantan las diversas razas. Se supone que la población salvaje de la que proceden las diversas razas humanas existió, y creo que existe aún, en el nordeste de África, por Etiopía y Sudán.

La primera raza que se decantó viajó por el sudeste de Asia y terminó en Australia, dejando un rastro de razas emparentadas.

La siguiente, con su racimo de razas correspondiente, llegó al este de Asia y de allí a América.

La siguiente, con su estela, llegó a Europa, y de ahí a América.

Y la más moderna de todas, no debe tener mucho más de 10.000 años, es la de los negros de África ¡Hace 10.000 años, seguramente, no había negros en África, ni en ningún sitio! Sus muchas variedades desplazaron a poblaciones africanas de otras razas, como los bosquimanos. Ya en época histórica se ha extendido por América y ahora podemos ver como se extiende por Europa.

Con esto quiero decir que el tema de las razas es muy complicado y tiene poco que ver con el racismo, que es una teoría peregrina y carente de fundamento.

El racismo, además de cruel y despiadado es bastante ridículo. Por eso me indigna. Sobre todo por lo que tiene de estúpido. Hombre si a causa de mi raza (ibérica de pata negra) me estuvieran tocando continuamente los cataplines estaría más jodido. Como una vez en Paris cuando un gabacho gilipollas señalaba mi piel y se sorprendía que fuera tan oscura y me miraba por eso por encima del hombro ¡será cabrón!

Los racistas tienen una lógica tan estúpida, por ejemplo: dice de Obama que es negro. Pues es tan negro como blanco. Porque si el padre es negro y la madre es blanca, será de los dos ¿o no? Parece que blanco es el que no tiene nada de negro y negro tanto el que tiene un poquito como el que lo tiene todo ¡pues vaya una lógica!

En este país estamos poco entrenados en temas de racismo ¡Había tan pocos negros hasta hace poco! Aunque ya son frecuentes.

La primera vez que vi a un negro era yo un chaval. Antes había visto dibujos, fotos, películas y al rey Baltasar en la cabalgata de de los reyes magos, que estaba tiznado con corcho quemado. Pero ese primer negro, que vi realmente, era un marinero brasileño que había llegado a Huelva en uno de esos saraos colombinos que congregaba a barcos de las armadas de muchos países americanos. Estaba rodeado de chiquillos con la boca abierta de verlo con ese color de chocolate, y lo tocaban, a ver si desteñía, supongo. Aquel hombre comprendía el asombro inocente de los chicos y no se molestaba y satisfacía amablemente la curiosidad que despertaba.

Tengo que decir por último que si conozco a un negro, y sobre todo si es amigo mío, ya no le veo cara de negro. Porque ser negro –supongo- es una cualidad general, absolutamente incompatible con lo particular ¡Tampoco veo, por ejemplo, que mis nietos sean blancos! Es que es una chorrada, de verdad.

A ver si el fenómeno Barack Obama sirve también para ir soltado esta empanada racial.









domingo, 2 de noviembre de 2008

Peor el remedio que la enfermedad.

Este post, precedido de este dibujo del Salterio se lo dedico a Carmen y a Manolo, testigos de estos hechos.
EL CASO DE LA BOLSA ENSANGRENTADA.

Poco después de que se hubiera desatado una gran tormenta, corría por un pasillo del Instituto una profesora de bata blanca que llevaba colgando de una mano una ensangrentada bolsa de plástico.

A consecuencia del meteoro se formó un gran charco en una de las azoteas al quedar obstruido un sumidero, situado en una esquina, a menos de un metro del borde. Providencialmente visitaba la casa el aparejador del ministerio y se le pidió que solucionara el problema.

Tales azoteas carecen de acceso directo, de modo que subió el aparejador por una empinada escalera de hierro seguido de un conserje de corpulenta humanidad propia de su anterior profesión. Había sido madero.

Ya en la cumbre se podía ver un hermoso charco formado en la cóncava cubierta con el desagüe evidentemente obstruido. ¿Tiene usted un palo? Preguntó el aparejador al conserje. Este respondió afirmativamente y bajó raudo, volviendo al instante no con un palo sino blandiendo con ligereza una larga y gruesa barra de hierro.

Se aplicó con determinación a la tarea, hundiendo con vigor repetidas veces la barra en el agujero. Enseguida empezó a correr el agua y a los pocos minutos desapareció completamente. Sentenció el aparejador:

¡Ya está resuelto el problema!


* * *

¡¿Qué pasa?! Le preguntaron a la profesora que corría.

¡No sé!, dijo.

Contó que estaban haciendo prácticas de disección en un laboratorio, y del cuarto de al lado partió un terrible estruendo. Acudió a la puerta de dicho cuarto y nada más abrirla ¡se inundó todo!

AHORA PODREIS EJERCER DE SABUESOS.


¿Qué os parece que ocurrió?

Salvo un pequeño detalle ya tenéis los mimbres necesarios. Pensad. Podéis confrontar vuestras sospechas con la solución que os doy a continuación, puesto que este se trata de un hecho real.

SOLUCIÓN.

Lo que había ocurrido es que el desagüe de la azotea hacía un codo que con leve inclinación conducía el agua al exterior. Y el conserje había perforado la tubería y el propio techo cayendo toda el agua embalsada dentro del edificio.

La profesora recogió el material de su práctica apresuradamente antes de abandonar el laboratorio. Por lo que llevaba en la referida bolsa los restos de la rata que estaban disecando.

El único indicio que faltaba es el relativo a la rata. Pero claro, lo más probable es que la víctima propiciatoria de un modesto laboratorio, como es el de un instituto, fuera uno de esos sufridos roedores.

Elemental querido Watson.