PROTA Y TESTIGO.Inoldo es un amigo de postín que cuenta historias fantásticas y muy graciosas de las que ha sido testigo o protagonista. A continuación voy a contar una de cada clase.
Nuestro amigo es canario de la isla de La Palma, médico puericultor ha desarrollado su carrera en Madrid y ahora vive su jubilación en Altea, aunque viene a Madrid de vez en cuando.
Muchas de sus historias son de su pueblo natal Tasacorte, en donde su padre tenía una destilería de licor de café y una hermosa casa en la plaza principal. Militó un tiempo en el PCE a pesar de que no ser el prototipo del comunista visceral era y es un hombre de izquierdas. El caso es que en una ocasión en que viajó a su pueblo para disfrutar de su familia, sus paisanos comunistas le invitaron a “dar una charla” dado que su pedigrí era inmejorable: médico, comunista y residente en la capital de España ¡casi nada! Total, que creyendo que se trataba de una tertulia entre amigos y correligionarios en petit comité accedió por no desairarlos. Le preguntaron que de qué hablaría, dijo que de eurocomunismo, que en aquella época estaba de moda.
A la mañana siguiente le despertó su padre
¡Inoldo, Inoldo!
¿Qué pasa?
¿Has visto cómo está la plaza?
¿Qué plaza? ¡no se!
¡Pues mira por el balcón!
Y ve toda la plaza llena de banderas rojas y republicanas, y un coche con altavoces atronándolo todo con el anuncio el mitin del camarada Inoldo del Comité Central del Partido Comunista de España.
¡Pero qué comité ni qué coño!
Aquello ya no tenía arreglo, y lamentaba el no haber leído el libro de Eurocomunismo de Carrillo que andaba rodando por su casa...
¡A ver que carajo digo yo ahora!
Llegó, como llegarían los cristianos al circo romano, a una sala enorme abarrotada de público ardoroso que lo vitoreaba ondeando las banderas rojas y republicanas. Aquello no podía ser…por otra parte las obviedades que se le ocurrían no eran del agrado de aquellos baqueteados comunistas. Era inevitable que aquello languideciera como preludio del desastre, pero en esos críticos momentos el orador invocaba la figura “satánica” de Fraga. ¡Santa palabra! El público reaccionaba a su favor. Y así, entre invocación e invocación al “malvado” pudo acabar la fiesta en paz. Supongo que aquel lance provocaría en mi amigo una secreta simpatía por Don Manuel.
De la otra historia fue testigo en la Plaza del Príncipe de Santa Cruz de Tenerife. En esa enorme plaza con kiosco de música y bancos, sombreada por el día por enormes árboles de goma, se reunían en la tibia noche tinerfeña un grupo de “matientos”, es decir fumadores de marihuana, que risueños se entregaban a su afición. Junto a ellos pasó un petudo, un jorobado, concretamente el masajista del equipo local de fútbol que plácidamente iba cantando un bolero:
Tiene muchas más historias como la de los saltos que daba el gato de la dueña de la pensión cuando se quedaban toda la noche a estudiar y a uno de ellos se le ocurrió darle una anfeta…O cuando el dueño fue a buscar infructuosamente “el” traje para ir a una boda, porque se lo habían empeñado… eran otros tiempos. 













Este es el Ganges en Benarés.