Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

miércoles, 25 de junio de 2008

Carpe diem

Tras este dibujo del Salterio este post que sale con cierto retraso por dificultades técnicas. SÓLO SE VIVE UN DÍA.


Me decía entristecido un buen amigo mío, cuando le daba el pésame por el fallecimiento de su hijo en trágico accidente, “está claro que no se vive más que un día”.

Me quedé pensando en el significado profundo de esa frase. Meses más tarde en un programa divulgativo de zoología de “la dos” dicen que los animales sólo viven un día. El que están viviendo. A pesar de que me repugnan esas aseveraciones acerca de lo que sienten los animales ¡qué coño saben! la idea me pareció interesante.

Decían en la tele que la vida de cada animal es la transcurrida entre el despertar y el dormirse de nuevo. Me pareció interesante porque la vida puede ser eso, lo transcurrido entre un despertarse y un dormirse. Lo que pasa es que eso ocurre muchas veces, porque se REPITE muchas veces. Hasta que no se despierte uno más, pero de eso no se entera y desde luego no lo puede recordar.

En tal caso uno vive muchas veces, o muchas vidas: vidas de niño, de adolescente, de mayor, de viejo. Vidas felices, desdichadas, aburridas, excitantes. Y uno se hereda a sí mismo, sus propiedades y sus deudas. Su trabajo, sus amistades, sus enemistades y su familia.

Pensando de ese modo se vive el presente. O mejor aún, es el gerundio lo que se está viviendo. El pasado no es más que recuerdo. Signos recordados más o menos difusamente. Y en cualquier caso el pasado se vive en el presente y no es más que una selección de recuerdos, que no de vivencias.

En el presente continuo, presente-gerundio, lo que se está viviendo se vive con todos sus detalles, se vive lo principal y lo secundario y lo terciario y todo, consciente o inconscientemente.

Y del futuro, que está dominado por la imaginación, no tenemos más que inferencias. No es poco, porque sabemos a qué nos comprometen las deudas presentes. Que gastos o que inversiones nos podremos permitir en un futuro. Pero el futuro, que es incierto, determina nuestro presente. Y si no hay negros nubarrones en el horizonte nos podemos dar con un canto en los dientes, y respirar tranquilos. Pero si los hay se puede arruinar nuestro presente, es decir, nuestra vida.

Claro que no se puede vivir al día sin más. Hay que planificar el futuro, porque ¿y si se despierta uno después del sueño y se encuentra que no tiene de dónde para pasar el día? ¿A dormir otra vez?

Uno tiene que hacer sus deberes y cuando estén bien hechos ¡Que salga el sol por Antequera! Si me despierto ¡a vivir una nueva vida! y si no me despierto no tengo por qué preocuparme ¡No lo voy a notar! De modo que no voy a estropear esta vida que acaba de amanecer, o las que amanezcan, porque parece que no voy a vivir hasta los ochenta años o hasta los que sea. ¡¡Esta vida, la que transcurrirá de aquí a la noche, la voy a vivir de puta madre!!

3 comentarios:

Isa dijo...

Hola Saltés, estoy de acuerdo con la estrategia, creo que es la acertada, pero difícil de poner en práctica, porque no es nada natural en nuestra mentalidad occidental. Normalmente la gente se decanta o por vivir en el pasado (los fieles a la frase "cualquier tiempo pasado fue mejor") o por vivir en el futuro, todo el tiempo entregados a hacer planes o cavilar sobre las posibilidades de conseguir tal o cual cosa...

rubensan dijo...

Sí que es difícil vivir el presente, sí. Yo creo que generalmente se tiende más a vivir en el futuro, como decía John Lennon, la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes. Es a lo que te empuja todo, y es difícil sustraerse a ese empuje.

Saltes dijo...

Si bien es verdad que no se puede vivir más que el presente, porque pasado y futuro son ilusorios, parece que carecemos del debido entrenamiento y lo vivimos mal, de mala manera.

Me referiré a lo del entrenamiento debido con una imagen que contemplé cuando tendría siete años, más o menos, y que he recordado toda mi vida: la de un compañero del colegio cuya familia tenía un patio de enseres de pesca y el chaval sabía caminar subido en un bidón cilíndrico de esos grandes para contener petroleo. con los pies iba impulsando el bidon, parecia caminar y de hecho avanzaba. Lo intenté y era realmente difícil, incluso mantenerse encima del bidón cuando estaba en marcha.

Lo dicho, que para vivir al día y no perecer en el intento hay que estar muy entrenado.