Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

domingo, 31 de enero de 2010

Maquiavélicas instrucciones.

Este post nº 151 del Salterio se lo dedico a Mercedes, que me está buscando una melita. Y también a Jorge.





LA ARRUGUILLA ES BELLA.


Soy un asiduo de AD en rebajas.

El maestro Amancio lo es en toda fecha.

Y es que AD tiene clientes de toda laya.



El mejor, o uno de los mejores que AD recuerda, según le oí decir en la tele en una ocasión, es el músico Prince que entró un día en una de sus tiendas custodiado por un par de chicas monísimas y compró por valor de tres kilos. Importe que desembolsó a toca teja una de sus ángeles custodios. Y naturalmente ni AD ni ninguno de sus empleados osó decir, o darle a entender, en ningún momento que lo habían reconocido ¡no hubiera sido lo propio! creo recordar que puntualizó AD.

Total que en estas rebajas acudí a su tienda de SH C y me compré la camisilla que os muestro a continuación.




Corresponde al tópico “la arruga es bella”. Más bien habría que decir que la arruguilla es bella. Porque tiene unas arruguillas muy menudas y apretadas. Ya tengo otra camisa de análoga procedencia también arrugadillísima con la que triunfo.

No es que con la camisa en cuestión se ahorre uno el planchado ¡es que como la planches te la cargas! Y viene con estas curiosas instrucciones:

¡Es que los medios a emplear han de estar en función del fin perseguido!

domingo, 24 de enero de 2010

La realidad circundante.

Este post nº 150 del salterio se lo dedico a mis alumnos, a los que les he mandado que se dibujen entre sí.
HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD.



Por diversos motivos esta última temporada he tenido que acudir a la consulta de médicos y son proverbiales las interminables esperas en las que se pierde una gran cantidad de tiempo y el tedio se apodera de los que esperan. Y se alivian a veces con lecturas o crucigramas. Aunque lo más frecuente es que estén con gesto aburrido , sin hacer nada y con la mirada perdida en el infinito.

A mi, la verdad, es que lejos de estar aburrido estoy encantado viendolos ¡hay que ver la cara y el tipo que tienen! Y me paso el rato dibujándolos. Lo malo es que a veces pasan a tal velocidad que no me da tiempo a pillarlos, a pesar de que no se necesiten ni diez segundos para descubrir sus rasgos más característico y dibujarlos.

Hoy ya no voy a escribir más sino que os voy a enseñar los dibujos que hice el lunes pasado en La Paz.
























































domingo, 17 de enero de 2010

Atavismo cafetero.

Dedico este post nº 149 del Salterio a Ana y a sus amigos, que son mis amigos.







LA MELITA.





Pensaba yo que me había quedado seco. Porque se aproximaba el domingo, que es el día que me he marcado para hacer las entrega de este blog, y no tenía nada que ofrecer ¡Bueno! ¡Qué vamos a hacer! ¡No pasa nada! Voy a prepararme el desayuno. Tiro del caótico embudo de la melita, que está hecho un desastre, lleno de pegaduras y masillas y ¡se enciende la lucecilla! ¡Pero si tenía un tema pendiente! ¡El de la melita!

Efectivamente, desde hace algunos siglos somos melitadependientes. Antes usábamos las conocidas cafeteras italianas que sacan ese café tan fuerte y a las que a veces se me olvidaba ponerle agua y eran como una bomba. Nunca llegó a explotar ninguna pero si se le derritió la goma alguna vez. Pero un día vi aparecer por casa una melita ¿Qué es esto? Con la jarrita tan americana y tan frágil y tan propensa a rodar y a desintegrarse en el suelo en una infinidad de transparentes y amenazantes uñas.

Pronto prescindimos de la jarrita y pusimos el peculiar embudo directamente sobre la cafetera-termo en forma de huevo sobre unas bolillas a modo de trípode.

El peculiar embudo de plástico también tiene querencia por el suelo. Pero es más resistente. Admite pegaduras pero se pone un poco morroñoso al teñirse con el café. De modo que lo reemplazábamos de vez en cuando.

El último de los embudos está en un estado terrible. Ese tope anular que tiene se le ha roto y se ha desprendido. He intentado pegarlo pero no es fácil, de modo que lo he tenido que sujetar con un cordón de masilla ultra fuerte y así va tirando.

Me diréis:

¿Por que eres tan guarro, o tan rata, y no te compras uno nuevo?

¡Pues porque no lo venden en ningún sitio!

¿Cómo que no lo venden?

¡Pues no lo venden! ¡¡¡NO LO VEN DEN!!!

Lo que venden por todos los sitios son las cafeteras, que parecen radios góticas de gran standing, Nesespresso con la imagen simpatiquísima de George Clooney.

Ya se lo que buscan: sacarte la pasta al meterte en la chola que si te tomas un cafelito de esa cafetera pues eres el vivo retrato de George Clooney. Claro ¡como no te ves! Y no vas a ser tan gilipollas como para irte a tomar el café ante el espejo. Y en el caso, poco probable, de que vayas ¡seguro que te ves clavadito a George Clooney!

Total que no quiero cafeteras Nespresso porque veo que me van a sacar la pasta (y es que en el fondo soy un rata) y porque, como también soy un jodido carca, quiero perpetuar la costumbre de la melita.

Pero ¿qué misterio es este? Por qué ya no hay modo de encontrar los peculiares embudos ¡Pero sí hay filtros! Y hasta las anticuadas jarritas.



Es que hay unas cafeteras que usan esos filtros y esas jarritas. Que son eléctricas para calentar el agua que se pone en un depósito.

Diréis:

Y ¿por qué no te compras una de esas cafeteras?

Porque no quiero tener el mecanismo eléctrico de calentar el agua.

Pero si la tienes que calentar en cualquier caso.

Ya, pero es que esas cafeteras son cazurronas. Y antes de verme hecho un cazurro prefiero hacer como George Clooney y comprarme una Nespresso. Aunque no creáis que me rajo tan fácilmente y si no encuentro un embudo nuevo, ya remendaré este por los siglos de los siglos. Amén.






domingo, 10 de enero de 2010

La oculta realidad.

Este post nº 148 del Salterio se lo dedico a Carmen, que es reina de tulipanes.
LENTO Y PROFUNDO.



Hace unos días me fui a que me hicieran un análisis de sangre rutinario y uno de los componentes de la fórmula leucocitaria, los eosinófilos, estaban por las nubes. Por lo que el médico de cabecera me mandó al hematólogo.

Como tal índice es un misterio me mandó hacer un montón de análisis y pruebas de las que salí victorioso. Y además resultó que en el nuevo análisis los eosinófilos se habían normalizado.

La primera prueba consistió en el referido análisis de sangre.

Como a veces me mareo cuando me sacan sangre, y he montado algún número importante, me tienen muy advertido que avise. Y yo ya siempre aviso. De modo que cuando aquel médico me invitó a sentarme ante la fatídica mesita, con el paño verde y la tira de goma elástica, le puse en antecedentes de mi incómoda tendencia.

Túmbese en esa camilla, me ordenó.

Flexione las rodillas y coloque los brazos junto y a lo largo del cuerpo.

Respire por la nariz lenta y profundamente.

Y a partir de ese momento pautó mi respiración con la frase:

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Al ratillo se aproximó a mí con aguja tarrillos y otros arreos ordenándome:

Relájese.

Y continuó con su salmodia:

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Bordó la extracción y volvió a su mesa. Mientras ordenaba los tarrillos, lo deduzco por el tintinear de los cristales, seguía diciendo:

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Me mandó que me incorporara, y al responder con dudas a su pregunta de que cómo estaba me ordenó volver a la posición anterior mientras decía

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Lento y profundo.

Ya me noté mejor y se lo dije. Pero me contestó:

“El médico soy yo. Respire lento y profundo”

Al ratito me ordenó levantarme y me sentía como una rosa. Quedando persuadido además de que cuando está uno circunstancialmente jodido, lo mejor es respirar por la nariz lenta y profundamente.

La siguiente prueba fue un poco escatológica, ya que los eosinófilos pueden delatar alergia o parasitos en el intestino. De modo que tuve que aportar la muestra correspondiente. Y cuando llevaba aquel tarro con una cierta aprensión no pude dejar de acordarme de Piero Manzoni. Y dado que soy artista, en realidad lo que deposité en aquel laboratorio fue una obra de arte.

sábado, 2 de enero de 2010

El eco napolitano.

Este post nº 147 del Salterio se lo dedico a todos los amigos que tan sigilosamente siguen este blog y a los que lo hacen visiblemente, deseándoles mucha felicidad en el colofón de esta primera década del siglo XXI VULCANISMO NAVIDEÑO.


Como todos los años les preparo el belén a mis nietos. Básicamente es el mismo, con las figuras con que mi madre y mi primo Julio nos lo preparaban a mi hermana y a mí. Figuritas que tienen del orden de 65 años ¡pero no pasa el tiempo por ellas!

Como ya os he dicho hace unos años estuvimos en Nápoles por estas fechas y como es sabido esa ciudad es un hervidero de belenes. Salvo los majestuosos belenes reales, principescos y nobiliarios que están totalmente fuera de nuestro alcance, los belenes populares napolitanos han dejado su influencia en el nuestro. La diferencia principal entre los napolitanos y los españoles es que aquellos están en la falda de una colina, mientras que estos están en el llano. El de casa tiene una parte que es colina, por cuya ladera baja un río, cuyo manantial mueve un molino, que más bien parece noria. Y en parte es llano. Y en homenaje a Nápoles la loma de nuestro belén está rematada por el Vesubio. Esto que en principio es un guiño se ha convertido en un elemento principal.

Cada año hacemos pequeñas mejoras, o mejor dicho resolvemos deficiencias.
Estos años pasados nuestro río perdía agua que lo empapaba todo, destruía las figuras más finas que están moldeadas con barro sin cocer. Bueno, un desastre. Y el volcán fatal. En primer año puse el mecanismo de echar humo de los trenes de juguete ¡pero no funcionó! El año pasado me gasté una pasta en un mecanismo para sacar vapor de las fuentes de mesa y lo empapaba todo, acentuando en poder destructor del río.

Este año calafeteé debidamente el cauce del río ¡y no deja escapar ni una gota! Pero quedaba por resolver el tema del volcán ¡Y se me ocurrió la solución! Poner esos conos de incienso que producen bastante humo. No es incienso de Semana Santa que provocaría una confusión de fechas y celebraciones, sino de ese que más bien sirve para disimular el olor de los canutos. Sería preferible que oliera a azufre ¡tiene fácil solución pegándoles polvo de azufre, pero no es plan porque el olorcito del incienso ya resulta bastante insoportable!

Resolví el tema de la combustión poniendo como brasero una chapa de una botella de cava con su alambre correspondiente ¡No hizo falta! Porque llegó Nico con un volcán de juguete que tiene.

Lo que ocurre es que en el belén predomina el estilo realista y en volcán es de estilo constructivista.

Si parte del encanto de los belenes reside en la incoherencia en las escalas ¡Cómo no se van a tolerar las incoherencias en los estilos!

Y aprovecho que aún estamos en este barullo navideño para desearos Felices Fiestas y un Año Nuevo Feliz, pero todo entero, hasta que se consuma en la Noche Vieja del 210.

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