Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

miércoles, 10 de febrero de 2016

La resurrección de los colores.


RIVALIZAR CON DIOS EN COLORES.

Hace tiempo que me leí por primera vez uno de los libros que más me han gustado. Se titula "Hombres y moléculas" de Carl R. Theiler. Trata de divulgación científica relativa a la química industrial. Me interesé en ese libro porque explica muy bien el origen de los colores sintéticos, que se produjo a mediados del siglo XIX.

Hay que tener en cuenta que ese es el siglo en el que Mary Shelley escribió la novela "Frankenstein o el moderno prometeo". Es la época en la que gallardamente el hombre se revela y quiere rivalizar con Dios. No tanto soplando sobre una figura de barro para darle vida, como restituyendo vidas destruidas por la muerte.

Uno de esos sabios en la sintonía de Frankenstein es el químico alemán August Wilhelm Hofman, director de The Royal College of Chemistri en el Reino Unido. cargo que desempeñó brillantemente, hasta que se volvió a Alemania en 1865 para participar en la naciente industria química alemana. Investigó con anilina, subproducto del alquitrán de la hulla, que a su vez es el residuo de ese carbón mineral después de habérsele extraído el gas del alumbrado. Hofmann dijo muy significativamente:

               "Se me pregunta si estas sustancias pueden ser de alguna utilidad. He de confesar que       con ellas no puede teñirse calicó ni puede curarse ninguna enfermedad conocida. Pero              confío en que con el tiempo lograremos incluso estas cosas"

Porque el carbón de piedra no es una piedra cualquiera. En el sentido de que no ha pertenecido desde siempre al reino mineral. Sino que alguna vez perteneció al reino vegetal, que como el animal es un reino vivo. Eso lo tenían claro Hofmann y los sabios de la época. De modo que la química orgánica, también llamada química del carbono es la química presente en los seres vivos. Y sintetizando esas piedras que antes estuvieron vivas querían lograr, y de hecho lograron, sustancias que antes tan solo podían producir los seres vivos. Pensarían que la muerte no las habrían matado definitivamente, sino que de algún modo podrían estar vivas como la Bella Durmiente, y que no habría que perder la esperanza de lograr despertarla algún día, por lo menos parcialmente.

Y de aquellos planteamientos teóricos produjeron una realidad industrial de un enorme valor económico: la fabricación industrial de tintes que anteriormente tan solo podían obtenerse a partir de plantas o de animales. Los tintes tienen mucha importancia, porque la Revolución Industrial nació, no se olvide, en torno a la fabricación de tejidos, y estos tienen que ser teñidos en su inmensa mayoría.

Quien resultó ser iniciador de esa revolución industrial cromática fue William Perkin, discípulo de Hofmann.

Estalló esa revolución en 1856 cuando William Perkin, tenía tan solo 18 años, trabajando con anilina en el laboratorio, que se había construido en el patio de su casa, obtuvo un residuo violeta muy llamativo, que llamó MAUVERINA, con el que tiñó tiras de tejido de seda, que luego expuso a la influencia del sol, resultando muy estable. Con gran tenacidad impulsó su invento, alcanzando un éxito enorme, como indica que aquella época fuera conocida como la "Década Malva" como indica que en 1868 la Reina Victoria fuera vestida de malva a la boda de su hija, así como la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III.

Se produjo una actividad frenética en el sector de la química industrial. El propio Hofmann, que había sido crítico con la orientación mercantilista que su discípulo, produjo dos famosos colores, el violeta Hofmann y el Verde Nilo.

La fiebre pasó a Francia, donde Emmanuel Vergin inventó la ALIZARINA, derivada también de la anilina con la que fabricó un tinte que llamó fucsina, porque era parecido al color de una flor llamada fucsia. El progreso fue claro porque el rojo es un color mucho más importante que el violeta.

Tras lograse esos colores totalmente artificiales se emprendió un camino muy realista: descubrir la estructura química de los colores naturales para poder producirlos artificialmente, de modo mucho más barato.

El rojo tradicional se obtenía de la alizarina que se extraía de la raíz de la rubia, que es una planta que con ese fin se cultivaba masivamente. Los químicos alemanes Grabe y Liebermann se pusieron manos a la obra para desvelar ese secreto natural, tratando alizarina con polvos de cinc y descubrieron que la alizarina se podía derivar del antraceno, que también puede obtenerse del alquitrán de la hulla. Perkin desarrolló el método para producir alizarina sintética y en pocos años se liberaron 150.000 Ha. dedicadas al cultivo de la rubia para cultivar trigo.

Luego le tocó el turno al ÍNDIGO, que es el más importante de de todos los tintes ¡es el color de los pantalones vaqueros! A cuya producción estaban de dedicadas enormes plantaciones en Bengala. El químico suizo Karl Heumann descubrió que podía sintetizarse a partir de la naftalina, también derivada del alquitrán de la hulla.

El alemán Paul Fiedländer le puso proa al PÚRPURA, el mítico tinte de las togas de los emperadores romanos, para lo cual empleó 12.000 cañaillas, o caracoles marinos más finamente llamados múrice. Extrajo tan solo 2 gramos. Pero tuvo suficiente para poder averiguar que la estructura química era muy parecida a la del índigo. La diferencia está en que en el índigo por oxidación con el aire se produce azul, mientras que en el múrice moléculas de bromo del agua produce púrpura.

Ni que decir tiene que todo el índigo que se utiliza hoy es sintético. Podría ocurrir que el tan admirado color púrpura se pudiera producir masivamente, pero no se hace porque tanto el púrpura imperial como el sintético son colores inestables y palidecen con facilidad, por lo que se recurre a otros rojos más estables e igualmente bellos ¡aunque esto es algo que me gustaría comprobar personalmente!

Ahora se impone una aclaración.

Lo explicaré mal para que se entienda bien (de otro modo no podría hacerlo).

Como es sabido la percepción del color se debe a la reflexión parcial, total o nula de la luz que inciden sobre los objetos, de modo que si objeto refleja toda la luz que recibe se percibe como blanco. Si la absorbe toda se percibe como negro. Si absorbe una parte refleja la que no absorbe, de modo que si rechaza ondas largas se verá rojo, o naranja o amarillo, depende de lo largas que sean, si rechaza las ondas medias se verá verde y rechaza las cortas se verá azul o violeta.

Pero eso ocurre tan solo en la zona llamada "espectro visible" comprendida entre 1/40.000 y 1/70.000 mm. Pero si ocurre fuera de esa zona ¡ni nos enteramos! de modo que veremos de color blanco lo que otros seres podrían ver de otro color ¡algo que es totalmente inimaginable!

O sea, que vemos el efecto de la energía rechazada ¿pero qué pasa con la absorbida? ¿para qué la quieren las sustancias que la absorben? ¡Pues para irse de parranda!

Veamos: los electrones de la órbita más externa de los elementos pueden estar en dos, digamos, subórbitas. Una de tranquilidad y otra de excitación. Es decir que están tranquilos o están excitados. Y estarán tranquilos si carecen de la energía "que les pone", y excitado si disponen de ella. Y si reciben un paquete de energía hacen uso de la que les gusta y rechazan el resto. La energía deseada no es la misma para todos, por eso unos absorben unas y otros otras, y de ahí los lindos colores que tienen las flores en la primavera.

¿Qué pasa con la anilina? Pues que no "le pone" ninguna energía del espectro visible. Si lo hace alguna fuera de esa zona del espectro ni lo sabemos ni lo podemos saber, pero está claro que las energías capaces de excitar le rondan, de modo que por pequeñas alteraciones provocada por reacciones con elementos químicos como una oxidación les meten de lleno en la zona dominada por el ojo humano.

Durante esa segunda mitad del XIX y principios del XX se patentaron una infinidad los colores sintéticos. Entre 1877 y 1914 se distribuyeron solamente en Alemania 10.000 patentes en las que se describen 50.000 colorantes diferentes. En aquella inmensidad pasó desapercibido un rojo rubí producido por la casa Bayer de Leverkusen llamado PRONTOSIL. En realidad camuflado cromáticamente se había colado un poderoso antiséptico, debido al químico Gerhard Domagh quien lo había probado con éxito en ratas y conejos infestados a propósito con estreptococos. Pero por desgracia enfermó gravemente de esa infección una niña hija del propio Domagh, quien aterrado se atrevió a inyectar a su propia hija una dosis masiva de su tinte rojo ¡y la niña sanó!. Con lo que se cumplió el presentimiento de Hofmann al principio de ese proceso:

               "Se me pregunta si estas sustancias pueden ser de alguna utilidad. He de confesar que       con ellas no puede teñirse calicó ni puede curarse ninguna enfermedad conocida. Pero              confío en que con el tiempo lograremos incluso estas cosas"

Porque no solo se desarrolló una extensísima gama cromática artificial sino que además se abrió paso a las sulfamidas, que antes de la aparición de los antibióticos sirvieron para salvar muchas vidas.





sábado, 6 de febrero de 2016

Filogenias.


EL SEXO OCULTO.
Todos vamos, por lo general, con el sexo oculto.
Todos tendremos órganos sexuales ¡digo yo! pero es algo que realmente no sabemos, lo inferimos, pero comprobarlo, lo que se llama comprobarlo, no lo comprobamos más que muy rara vez.
De todos modos los de bellas artes sufrimos menos restricciones que otros, porque los modelos posan en bolas ¿Y por qué en bolas? No sé. Supongo que porque no hay ninguna razón para que posen vestidos.
Son pocas las culturas que airean el sexo. Algunas amazónicas y algunas polinesias. En Nueva Guinea llevan la cola en un cartuchito cónico, y en la Amazonía cogida con una cuerdecilla atada a la cintura.
Somos en realidad como las figuras de la baraja inglesa, que por arriba tienen un rostro y por abajo otro. Solo que en las cartas ambos rostros son iguales y en nosotros no. De modo que en nosotros hay una clara diferencia entre hombres y mujeres en esa fisonomía inferior. Y en el extremo diferencial en unos aparecería una especie de gusano y en otras una especie de almeja. Es decir que por arriba tenemos pinta de lo que somos: vertebrados y por abajo nos parecemos a los invertebrados ¿no? Es de sobra conocida la semejanza entre los mejillones y las vulvas y entre las lombrices y los falos. Hay gusanos como el balanoglassus, ¡que hay que ver! Si no los conocéis, echadle un ojo en Googel ¡Ya veréis!
Parece que los invertebrados son otra cosa ¡pues no! De hecho la estirpe de los mencionados balanoglassus es próxima a la nuestra, ellos son hemicordados y nosotros cordados. Después de todo los vertebrados no son más que una clase de animales que tienen espinazo de vértebras, y como nosotros pertenecemos a ese grupo petulantemente dividimos el reino animal en vertebrados e invertebrados. O sea que en cierto modo los llamados "vertebrados" son una clase dentro de los llamados "invertebrados".
En este país todos vamos documentados por el D N I, en el que hay una foto del extremo superior del cuerpo. Y, desde luego nunca del extremo inferior, sería inútil porque al estar tapada esa parte austral la identificación sería más engorrosa. Pero hagamos un esfuerzo e imaginemos que el retrato en ese documento fuera del extremo inferior del tronco, en vez del extremo superior ¡Tendríamos una pinta de invertebrados como para caerse uno de culo!

jueves, 4 de febrero de 2016

Llevar la contraria.




DIBUJOS DE INGRES.

Estuve viendo la exposición de Ingres del Museo del Prado. Realmente hermosa. Es sin duda un gran pintor y un gran dibujante. Pero me llamó mucho la atención que ninguno de los numerosos dibujos de Ingres allí expuestos estuviera hecho sobre papel ingres. Sería lo propio ¿no?

Eso indica que Ingres es un artista moderno. Arcaizante pero moderno. Porque de ser antiguo lo más probable es que hubiera dibujado sobre papeles de aspecto parecido al papel ingres, porque el papel antiguo es verjurado, como aparentemente  es el papel ingres.

Antiguamente, en Europa desde el siglo X o el XI al XIX, el papel se hacía artesanalmente. En una pila se ponía una especie de papilla fluida formada por agua y molienda de trapos. En ese turbio líquido se introducía y luego se sacaba horizontalmente un tamiz rectangular llamado "forma". Que era un marco de madera que sujetaba una tela metálica formada por alambres de latón en el sentido longitudinal y que transversalmente estaban trabados por cordones de alambre cada dos dedos, más o menos. Sacando de la forma la película de residuos que se había formado y dejándola secar se obtenía una hoja de papel. Como es de esperar la tela metálica de la forma dejaba una huella en el papel obtenido. El papel con esa huella es lo que se conoce como papel verjurado. Que el papel fuera verjurado era poco menos que inevitable.

Otro soporte para dibujar era la vitela, una especie de finísimo pergamino obtenido de la piel de reses no natas. El papel que no fuera verjurado se llama "avitelado" y era un papel ideal y por ello difícilmente obtenible con anterioridad al siglo XIX, cuando se inventó una fina tela metálica de alambres de latón con las que se podía hacer formas con las que producir papel avitelado.

Pero también en el siglo XIX Fourdrinier inventó una máquina para producir papel continuo masivamente. La materia prima ya no es de trapos sino de madera, para lo que se plantan bosques ad hoc Esa máquina era como una especie de churrera gigantesca cuya masa sale por una delgada ranura bastante larga y se deposita en una cinta transportadora. De modo que se producen hojas de anchura y grosor determinados y longitud ilimitada. Ese papel es de natural avitelado.

¿Era industrial el papel avitelado que empleaba Ingres? ¿O tradicional pero hecho mediante formas de fina tela metálica? No lo sé. Aquellas primeras máquina de Fourdrinier fueron contemporáneas de Igres, ergo no hay impedimento cronológico para que Ingres dibujara en el moderno papel industrial.

Todavía se fabrica a mano papel verjurado para estampar y para dibujar cuando el trabajo que se va a realizar lo merece, porque es más caro ¿Es el papel ingres esta clase de papel fabricado con técnicas tan artesanales? Pues no. Es un papel fabricado industrialmente, continuo y luego cortado, pero al que se le ha impresionado ese falso verjurado cuando aún estaba tierno. Según una técnica llamada "gofrado"

En resumidas cuentas, que en la humana condición está gofrado el inconformismo. Cuando lo que se tiene es lo verjurado se quiere lo avitelado, y cuando lo que se tiene es lo avitelado se quiere lo verjurado. Una de dos: o la felicidad es imposible o la felicidad consiste en eso, en practicar la inconformidad.

 

 


sábado, 30 de enero de 2016

Romper con el pasado, con cuidado.



BISTRE.

Me encontré a mi discípula Diana y me recordó que le había hablado en clase del bistre.

Es que hace años, cuando era profesor en bellas artes daba clase, entre otras cosas, de procedimientos del dibujo. Cuando me encargaron en junio impartir estas clases a partir de septiembre, no sabía gran cosa del tema pero durante aquel verano me versé suficientemente. Hice algunos "descubrimientos" entre los que cabe destacar el dibujo con "punta de plata" y el "bistre".

En un pis pas hablaré primero de la punta de plata. Se pueden hacer unos dibujos preciosos con una punta de plata. Que se busca uno en una tienda de materiales de pintura artística, que si tiene suerte, como yo, la encuentra. Y si no ¡no pasa nada! porque se la fabrica uno mismo con dos o tres centímetros de alambre de plata y de poco más de un milímetro de espesor que se busca uno en un platero, cuesta muy poco si el platero no es además pirata. Lo monta en un porta-minas, se afila ¡y a correr!

Es como un lapicero ¿Y qué le pasa a los lapiceros? Que se restriegan sobre un papel, que es más duro que el grafito, y deja trazos. Ergo la punta de plata hay que restregarla sobre algo más duro ¿sobre qué? sobre una superficie de papel, cartón o tabla que esté pintada con la pintura blanca más común hoy por hoy que es la que tiene como pigmento el óxido de titanio. Perece lápiz, pero no es lápiz, porque este se dispersa enseguida y se emborrona un poco, aunque perceptiblemente, mientras que el trazo negro de la plata pulverizada queda más firmemente adherida a la pintura de titanio y el trazado resulta mucho más contundente.

Ahora vamos con el bistre.
El bistre es una tinta que se puede fabricar uno mismo mezclando hollín producido por la combustión de madera en una chimenea o en una estufa, finamente molido y mezclado con goma arábiga y agua.

Se puede dibujar, o escribir, con plumilla o hacer aguadas que van desde una especie de ocre claro a un marrón bastante oscuro. Lo peculiar de estos tonos es que no son rojizos y que tienen un inevitable moteado negro muy característico.

Es una tinta gloriosa, porque el geómetra Poncelet, cuando reinventó la geometría proyectiva de modo totalmente independiente de Desargues, que la había inventado un par de siglos antes, estaba prisionero en Rusia, tras el fracaso de la invasión napoleónica, y con sus exiguos recursos económicos conseguía papel, pero no le llegaban para la tinta, que fabricaba con el hollín de la estufa.

Digo esto porque hasta bien entrado el siglo XX, seguramente hasta la Guerra Civil, las pinturas y otros materiales se fabricaban en los propios talleres de los pintores. Pero poco a poco los artistas han ido abdicando de estas funciones de las que se ha hecho cargo la industria. Y lo que pasa es que cuando un artista fabrica sus materiales está pensando en el uso que piensa darle. Hace igual el industrial, pensar en el uso que le va a dar, pero es que los usos son distintos, el del artista es la propia obra de arte, el del industrial es un producto que sea muy demandado. Tanto por artistas como, principalmente, por aficionados que son más numerosos y que no suelen estar tan versados.

Pues eso, que el progreso consiste, en buena medida, en zafarse de lastres atávico ¡pero ojo! que hay que cuidar de no tirar al niño con el agua sucia del baño!


sábado, 23 de enero de 2016

Bibliofilia infantil.

LA LETRA CON GUSTO ENTRA.
Tengo la costumbre de hacerle libros a mis nietos. Son, entre otras cosas, cápsulas de supervivencia.
Son libros de dibujos hechos con acuarelas que también tienen letras. En unos casos son libros de letras ilustrados. El primero de ellos fue un abecedario que le hice a Nico. A Jorge, su hermano, no le hice abecedario porque tenía el de su hermano. Le hice otro abecedario a Alberto. Y en estos días acabo de terminar un abecedario que le hice a Elia, del que voy a dar detalles en este post.
Elia tiene tres meses y ya se le ve afición por los libros. Le han prestado uno de colorido contundente y configuración muy concreta que mira con atención. Lo que me llevó a la convicción de que su abcedario no podía demorarse más. Y a matacaballo se lo hice en el transcurso de una semana.
Este abecedario está a la última, porque no tiene che, ni elle, que han sido desahuciadas por la autoridad competente. También carece de uve doble que verdaderamente no es española. No es que esté en plan rancio, pero no!
Lo primero es hacer la lista de palabras que correspondan a imágenes contundentes y atractivas para ella. Lista que consensué con sus primos, Nico de 11 años y Jorge de 8.
Lo segundo es comprar el papel, en Cartulinas la Riva. Papel de acuarela de 500 gramos por metro cuadrado y de grano fino, cortarlo y doblarlo. Resultando dobles hojas, que simples miden, más o menos, 18 X18 cm.
Lo tercero es dibujar en la página de la derecha la ilustración y en la de la izquierda la palabra ilustrada. Escrita con tinta azul y pluma estilográfica en letra cursiva.
Lo cuarto es encuadernarlo. Según un método que me he inventado que está muy bien. Es una versión de la encuadernación española. Que consiste en coser los cuadernillos, en este caso las gruesas dobles hojas, a cintas, dos en este caso. La novedad ha consistido en que entre las cintas y el lomo está la tarlatana. De modo que los cartones de las pastas tienen pegados por la parte interior la tarlatana y por la exterior las cintas, con lo que quedan firmemente adheridos, pero con la apertura muy flexible. Por supuesto el lomo está rematado por las cabezadas correspondientes. Por último fui a comprar en Amadillo un papel-tela amarillo precioso y unas guardas, que parecen de Polloc, preciosas, con lo que rematé la faena.


Puede parecer que esté vacilando, pero da la impresión que a Elia le ha gustado, porque lo mira con mucho interés. Y también mira interesada el grafismo de las palabras escritas.

Recuerdo con toda nitidez las primeras letras que vi, creo que ya lo dije en otro post, me la enseñó doña Ana cuando yo tenía cuatro años y ella, supongo rondaría mi edad actual. Era mi vecina, maestra jubilada. Y bajaba las escaleras del primero izquierda al bajo derecha, donde vivía ella. Y en esas mañanas inolvidables me enseñaba esos mágicos dibujos que son las letras ¡Lástima que no fuéramos chinos en la China! Porque si hay algo que me mata es no conocer la escritura oriental. Ya lo creo que se puede, pero es que por más que lo intento ¡no se me quedan esos signos maravillosos!

Verdaderamente cuando hago abecedarios para mis nietos, de quien primero me acuerdo es de doña Ana. Bueno, no nos engañemos, antes que de doña Ana me acuerdo de ellos, en este caso de Elia. He tratado de adoptar su punto de vista para conseguir que cada dibujo sea el más adecuado.
A continuación muestro las ilustraciones de este abecedario.

Y esto es todo por el momento. Que estoy en deuda con Jorge que tengo que urdir un libro del que ya tengo el prota, CELÉNTERMAN.


miércoles, 20 de enero de 2016

La pinta.

ICONOS VIVIENTES.
Uno es un icono viviente. Porque dice cosas con su mera presencia. Como la canción "De España vengo" de la zarzuela "El niño judío":
               "De España vengo
               de España soy
               y mis ojos, serrana, lo van diciendo
               que he nacido en España, por donde voy."
Uno va diciendo si es hombre, mujer, o intermedio.
Si es bebé, joven, o viejo.
Si es flaco, gordo o mediano.
Si tira a sex-simbol o a sex-pestiño.
Si caucasiano, o negro, o tostado, o achinado o primitivo polinesio.
Si viste elegantemente, o guay, o va hecho unos zorros.
Si tiene pasta o carece.
Si dispone de abundante cabellera o es calvoreta. Por necesidad o por afición.
Si es fino u ordinario.
Si es vivaracho o muermo.
Todos estos, y algunos más, son rasgos que uno exhibe, queriendo o sin querer, para orientar o para despistar, y con los que se podría dibujar un retrato robot.
El caso es que va uno por la vida dando la nota, y es inevitable.
Dependiendo donde uno se encuentre predominan unos iconos o predominan otros. Hay sitios donde están muy mezclados, como en el metro, mientras que en otro predominan unos patrones, como en el barrio de Salamanca, donde abundan los pijoletos, o en Lavapiés los alternativos.
Lo que pasa es que uno se despista y se queda como ciego, porque si uno se fija, andar por la calle es un lujo
¡Ni hace falta ni cine ni tele ni ná!
 


jueves, 14 de enero de 2016

Ansiedad.

EL MONO DE ALGODÓN.

Sé lo que es entrar en una farmacia en estado de ansiedad para calmar una dependencia con el ánimo alterado.

Me pasaba hace unos cuarenta y cinco años cuando me operaron de un oído. Se me había soldado el estribo a la platina al final del oído medio y me lo apañaron.

Antes de la operación yo creía que oía bien, perfectamente no, pero si no hubiera sufrido reproches constantes al pedir que me repitieran algo ¡nunca me hubiera operado!

Vivía en un piso interior en Clara del Rey que daba a un enorme y luminoso patio. De aquel piso me encantaba, sobre todo, lo silencioso que era.

Salí de la Concha con mi alta un domingo por la mañana a eso de las once. Hace cuarenta y cinco años, y a lo mejor ahora también, en esa plaza un domingo por la mañana a las once el silencio era total ¡Eso me creía yo! Porque aquella mañana el ruido de los coches era estruendoso.

En el periodo postoperatorio tenía que seguir algún tratamiento como ponerme una inyección de vez en cuando. Salí una tarde de mi casa y me dirigí a la calle López de Hoyos, paralela a la mía, por una perpendicular a ambas. Cuando me iba acercando a dicha calle, que tiene un tráfico endemoniado, y estaba a punto de alcanzarla ¡era tal el estruendo que volvía a casa sin la inyección!

Mi casa no era tan silenciosa como creía, y el ruido en general era tan insoportable que cuando salía a la calle buscaba ansioso una farmacia para hacerme del remedio indispensable.

¿Qué sustancia poderosa buscaba ansiosamente?

Algodón.

De modo que llegaba a la farmacia desencajado y pedía un paquete de algodón. Con el que me atascaba bien la oreja para que me resultara llevadero el estruendo cotidiano.

Ya no lo necesito. No es que no haya ruido ¡hay más aún! pero, como todos, me he acostumbrado ¡menuda capacidad de adaptación! Pero la procesión irá por dentro. Aunque no vayamos a creer que no hace efecto ¡lo hace! Debemos tener el alma y el cuerpo machacados con tantas agresiones que ni notamos, pero que seguramente nos van consumiendo.

¿Por qué me he acordado ahora de esto? Porque estos días ando padeciendo una lesión en una muela en la que se me había instalado una colonia de bacterias que han tenido que desahuciar por la vía violenta ¡Cómo algo tan pequeño puede producir dolor tan grande! Claro que pequeño respecto a mí, no respecto a las bacterias que en el interior de mi muela disponían de una colonia inmensa que al ser descubierta desprendió hedor a metano, el gas de los pantanos. Y mientras que cicatriza tapa el hueco con bolitas de algodón.

Al rato de salir del dentista se me cayó una de esas bolitas ¡que agobio! De modo que impulsado por un viejo instinto corrí a una farmacia abrumado por mi mono de algodón.