Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

domingo, 4 de mayo de 2008

¡En qué manos estamos!

Este post, que se inicia con este dibujo del Salterio y que consta de tres historias, se lo dedico a todos los amigos a los que nombro en ellas .
EL TARRILLO VERDE.
En esta historia no intervienen más que manos excelentes.

A mi amigo de postín Inoldo * le anestesió nuestro amigo común Pedro para que le operara de cataratas su esposa que se llama Ana.

Al ser amigos todos de toda la vida y conociéndose mejor que bien, no se fiaba el anestesista del anestesiando, temiendo que se pusiera demasiado nervioso. Así que lo tranquilizó a fondo con una anestesia que tenía en un tarrillo verde. Y la cosa funcionó perfectamente.

Durante la operación no dio el paciente muestras de intranquilidad, mostrándose muy relajado y locuaz. No es que se le entendiera todo, pero podríamos decir que su verbo resultaba un poco porno, por lo que los médicos estaban temerosos de que la monja-enfermera que estaba asistiendo se pudiera escandalizar. Cosa improbable porque estas religiosas parecen místicas pero no son tontas. Tras la operación no se privó de decir: “¡vaya, doctores, con su amigo…!

Despierto ya de su sueño le preguntaron que cómo se había sentido en el transcurso de la operación, a lo que respondió: “¡De puta madre! Me he tirado a tres dominicanas e iba por la cuarta cuando me habéis despertado”.

Es por esto que cuando sabemos de alguien al que le va a anestesiar Pedro le decimos que le diga que le ponga la anestesia del tarrillo verde.

Tenemos otra pareja de amigos, Berni y Pedro, de la que ella también es médico, dominicana y guapísima, y un día nos reunimos todos a cenar. Temerosos de que Inoldo cometiera una imprudencia, le dijimos que se cortara un pelo, pero él nos tranquilizó, aunque –la verdad- no nos quedamos tranquilos, temiendo lo peor.

Efectivamente en el curso de la conversación salió el tema de la operación, del tarrillo verde y de las dominicanas del sueño. Inoldo, para evitar incomodidades y mal entendidos aclaró a nuestra amiga: “¡Ah! Y a ti no te vi. en el grupo”.


LAS APARIENCIAS ENGAÑAN.

Las manos de esta historia son buenas, la boca peor.

Me contó mi amigo Pove * lo que le oyó a un amigo al que le habían operado a corazón abierto.

Terminada la operación, fuera de peligro y en franca recuperación el enfermo fue visitado por el cirujano que le había operado. Quien con indulgente sonrisa y actitud autocomplaciente le vino a informar de los pormenores de su exitosa intervención, mostrándose receptivo a la obligada gratitud de su paciente.

El enfermo, como no podía ser menos, le dio las gracias a su médico, que se mostró satisfecho. Pero le dijo algo más:

- Lo oí todo.
- ¿Cómo dice?
- Que lo oí todo.
- ¡?
- Como efecto de la anestesia, efectivamente, no sentí dolor. Ni podía moverme. Ni articular palabra. Pero ¡lo oí todo!
- Oyó ¿qué?
- Oí como le decía usted a su ayudante:
- “¡Corta tú!”, a lo que respondió:
- “¡¿Yo?!”.
- Sí, tú.

Sigue un silencio y de pronto se le oye a usted gritar :

¡Pero ¿qué haces?! ¡¡Que te lo cargas hostias!!
- ¡¡¡¿Qué hago ahora?!!!
- ¡¡¡¡Sigue joder. Ya te lo has cargado. Qué más da!!!!

El médico se quedó de piedra. No sabía qué decir. Pero el enfermo le restó importancia al incidente. Después de todo le había salvado la vida. Aunque con el susto que le dio podía haberlo mandado al otro barrio.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Estas manos son locas, como su dueño.

Me contaba mi amigo Emilio, que en una ocasión, en los albores de su ejercicio, como médico residente, algunos compañeros que estaban de guardia en la UVI en la noche de Año Viejo brindaban con cava la Entrada de Año. Era un ambiente muy triste pero había que sobreponerse. Y alguno que ya había brindado varias veces seguidas, viendo a los pobres enfermos inconscientes y entubados le echaban un chorrito de cava en el recipiente del goteo ¡Joder, para que también celebraran el Año Nuevo, brindaran y se alegraran un poco!

No era sadismo, lo hacían con la mejor intención y tampoco estaba claro que les fuera a perjudicar ¡Y hasta era posible que les beneficiara! ¡¡¡La medicina es una ciencia y un arte!!!

*"Cliqueando" en el nombre en rojo sale otro post relativo a este amigo.

2 comentarios:

Isa dijo...

Me encanta el "dibujo distraido" (si se les puede llamar así a esos que haces para enriquecer el tiempo durante eventos solemnes), me parece reconocer que el de este post es uno de ellos (el segundo, claro, no el primero). Este me recuerda mucho a Tinguely

Saltes dijo...

Sí, Isa, se trata de uno de esos "dibujos distraidos" que hago para no morir en esas reuniones en que lo tienen secuestrado a uno.

Y no son para evadirme, sino para poder concentrarme en asuntos totalmente repelentes.

De todos los usos que el dibujar tiene, ese es ¡sin la menor dudad! el principal, ya que te va la supervivencia en ello.