Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

domingo, 8 de febrero de 2009

Dar liebre por gato.

Este 102º post, precedido de este dibujo -que creo que es el último del Salterio que me quedaba por sacar- se lo dedico a Rafael, a quien parece que ayudé a romper el cascarón de artista, y que creo que recuerda el dibujo, después de tantos siglos. EL COLOSO EN BRAGAS.


En bragas han dejado al Coloso de Goya, que ya no es de tal, sino de un tal Asensio Juliá. El Coloso de Asensio Juliá ¡pues vaya timo!

A mi nunca me había gustado mucho ese cuadro, lo cual no significa ni que no creyera que fuera de Goya (porque pueden ser de Goya y malo, ya que al mejor cazador se le va una liebre) aparte de que no me parece tan malo. Ni que yo sea tan listo como Manuela Mena, jefa de conservación del S.XVIII y de Goya, que ha sido quien ha dicho que no es del divino sordo porque le ha parecido que es una ful de Estambul.

Yo creo que el problema está que un coloso no puede ser tan pequeño, porque el cuadro tendrá metro y pico de alto, y la caravana, que parece que van al Rocío, es tan pequeñita…Si le hubieran titulado Gulliver en el país de los enanos, doña Manuela no se habría atrevido.

También hay quien pone en duda las Pinturas Negras, que a mí me gustan mucho, y no me van a gustar menos aunque dijeran que son de Asensio Juliá o de otro. Por cierto, que el coloso se parece un poco a estas pinturas. Está claro que, en el peor de los casos, este cuadro le pasaría como a un cuadro que vimos en una tienda del Rastro, que tenía un airecillo goyesco. Y el dependiente, que era muy simpático nos dijo que seguro que no era de Goya pero que ”ese cuadro goyea”. Verbo que nos fascinó.

Pero volvamos al Coloso. ¿Qué le ha pasado a ese cuadro? Pues nada. No es como si a una de las “majas” le hubieran echado vitriolo por encima, y hubieran destruido el cuadro. Con lo que el Prado se habría quedado sin uno de sus goyas y tendría uno menos. Aunque en ese sentido, es eso lo que ha pasado, que el Prado se ha quedado con un Goya menos y un Asensio-Juliá más.

La del vitriolo ha sido la conservadora Manuela Mena ¡que vaya un modo de conservar que tiene! Menguando –de hecho- el patrimonio.

¡Pero al cuadro no le ha pasado nada! Ni lo han borrado, ni lo han pintarrajeado, ni nada. Si es una puta mierda lo sería tanto si lo pintó Goya como si lo hubiera pintado yo, o quien sea. Y si es cojonudo, lo es, habiéndolo pintado Goya o quien sea ¡Que coño tiene que venir doña Manuela a enmendar la plana!

El cuadro está colgado en el Prado, uno lo mira y si le parece bien lo disfruta y si le parece mal pues con mirar otro asunto arreglado.

La autoría no tiene que condicionar al que mira. Si es bueno, es bueno lo pinte quien lo pinte. Y si es malo, es malo independientemente de quien lo haya pintado.

Cuando pusieron a Manet en el Prado, aquellos cuadruchos de mierda no resistían la comparación. Alguien -cuando yo le decía algo así- me deijo: ¡Son de Manet! Pues muy bien, serán de Manet pero son una puta mierda.

Una vez en la Tate vi uno de Sargent, que hasta entonces no había oído hablar en mi vida de ese señor y me quedé de piedra de ver un cuadro tan bueno. Hay que mirar y ya está. No hace falta que venga ni doña Manuela ni nadie a “poner las cosas en su sitio”. Allí pone que es de Goya porque eso es lo que se creía. Y eso es lo que pasa siempre. Y casi siempre, es de esperar, se acierta, y a veces se confunde la atribución.

Un cuadro que se vea es un hecho cierto. Mientras que las atribuciones son de natural inciertas. De todos modos, antiguamente la autoría no importaba tanto, ni los artistas estaban tan empeñados en hacer valer su paternidad.

Ya sabéis que Berenson corregía las atribuciones indebidas de los cuadros del Renacimiento fijándose en detalles insignificantes de las figuras de los cuadros con atribución garantizada. Tales detalles eran los lóbulos de las orejas, los agujeros de la nariz y cosas así que el autor pintaba inconsciente y automáticamente. Cuando veía esos detalles en cuadros de autor desconocido o mal atribuidos hacía la corrección correspondiente. Hasta que lo falsificadores conocieron el truco…

Me contaba mi amigo Pove que le habían contado que un señor que era ingeniero y estaba haciendo una obra en no se donde, se encontró que el pintor Darío Regoyos estaba pintando allí un paisaje. Le gustó el cuadro y se lo compró. Estaba firmado y con todos los perejiles.
Años más tarde, muerto ese señor, uno de sus descendientes heredó el cuadro. Sabía positivamente que era de Regoyos. No obstante lo quiso autentificar y a tal efecto lo hizo llegar a una hija de Regoyos, que se habría levantado aquel día con el pie izquierdo, y dijo que no era de su padre, con lo que un auténtico Regoyos se transformó en uno falso.

Otra historia de efecto contrario se la oí contar a Viola. Dijo que le gustaba hacer dibujos como los de Giogio de Chirico. Dibujos que conocía Cesar González Ruano. Y estando ambos en Paris se le ocurrió al escritor hacer una exposición con esos dibujos como si fueran de Chirico.
Encontraron sala y todo y justo la víspera se enteró Viola de que acababa de llegar Chirico a Paris
¡Qué horror! ¡¿qué hacemos ahora?!
Pues inaugurar, dijo Ruano.
Averiguaron el hotel donde se alojaba Chirico, pidieron una urgente entrevista ante un gravísimo asunto. La consiguieron y le dijeron a Chirico que habían reunido una serie de dibujos suyos y que tenían la sospecha de que algunos pudieran ser falsos. Y le pidieron encarecidamente que antes de la inauguración fuera a ver la exposición. Se hizo cargo de la delicada situación y accedió.
Entró en la sala, miró fijamente cada uno de los dibujos y dijo por fin algo así como:
“Este, ese y aquel no son míos”.
Procedieron rápidamente a destruir las falsificaciones delante del autor y de otros testigos. Resultando que todos los demás se convirtieron en auténticos.

Otra historia más. Me contó mi amigo José María, que pervive alojado en mi corazón y en los de otros amigos, que entrevistó una vez a Llorens Artigas, y le contó que había un japonés que lo imitaba descaradamente y que no le importaba, porque sabía que las piezas mejores del japonés las tendrían por suyas, y las peores por falsificaciones.


4 comentarios:

elena dijo...

La historia de Chirico me ha encantado.Tuve una buena dosis de la fina linea entre lo autentico y lo falso cuando intentando recuperar y vender cierta espada medieval con la que al parecer se reconquistó media España. La espada en cuestión fue declarada falsa tantas veces como auténtica y por las mismas personas y administraciones públicas. si no convenia porque estaba en juego un justiprecio para expropiarla, aquella era una mierda de espada más falsa que la de los clics. Si temían que la espada terminara en manos extranjeras, aquella espada con toda seguridad habia pertenecido a un heroe nacional burgalés a quien tantos poemas le han dedicado. Y la espada siempre era la misma.
Al final yo siempre pensé que lo de la autenticidad de la espada era una gilipollez. Que fuera o no la verdadera hacía varios siglos que daba igual. Porque desde el Siglo XI hasta nuestros días había llovido mucho y en lo que venía siendo la historia reciente aquella espada siempre había sido considerada como auténtica. Asi había sido exhibida y así había sido admirada. Habia contribuido a que muchos aprendieran historia mirándola, porque siempre nos gusta tener restos de lo que nos dicen que pasó. Nunca sabremos la "verdad" sobre aquella espada. Pero francamente da igual.

Saltes dijo...

Elena ¡esa espada merece un post! asi que si queres, este blog está a tu entera disposición. Me mandas el texto, que puede servir este, solo haría falta tu autorización, y el dibujo y la ilustración ad hoc los pongo yo, si quieres.

Es que lo verdadero y lo falso da tanto juego...Y hay tanto puto farsante suelto, que menos mal que no vuelan, que si no, en comparación, el invierno nuclear más que una amenaza sería una broma.

edu dijo...

Hay un documental reciente, pero no me acuerdo ahora del nombre y tampoco lo he visto, de una niña pintora que fascinaba al mundo con sus cuadros abstractos. La prensa la encumbró como una nueva Picasso y sus cuadros se compraban a precios desorbitantes con la esperanza de que se revalorizaran aun más. El efecto niño prodigio. Al final resulta que el padre, pintor amater, metía bastante mano en los cuadros. El hombre acabo en la carcel me parece y los cuadros denostados.
Un fraude que pone en ridículo a todo el mundo.

Saltes dijo...

¡Q morro hay q tener para meter a ese hombre en la carcel!

Lo dicho. Si los cuadros son buenos, son buenos y no importa quien los haya pintado ¿Se volvieron malos al descubrir el pastel que habían confeccionado los estúpidos de la historia maravillosa de la niña genial?

Los poderosos aupan lo que quieren, los bobos se lo creen y luego si la realidad no se corresponde con la edulcorada fantasía siempre mandan a la carcel a la víctima propiciatoria.

¡Tienes que tener cuidado Edu no vayas a constrir una casa cojonuda y te metan en la carcel porque resulte que no la habrías construido tú sino los albañiles!