Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

sábado, 12 de julio de 2008

Paradoja principal.

Este post, precedido de este dibujo del Salterio, está dedicado a Elena, que es un espejo de sobrinas, en su cumple.

EL SUJETO ES UNA ASÍNTOTA.


Aquí estamos de nuevo ante una tremenda paradoja: LOS SUJETOS, NO SE PUEDEN NOMBRAR O ES INÚTIL NOMBRARLOS, porque no hay palabras para designarlos o de haberlas son inútiles. Ergo estos príncipes de las oraciones son asíntotas, porque puede uno aproximarse a ellos pero no se pueden alcanzar nunca.

Decimos que toda proposición está compuesta de sujeto y de predicado. Ergo el predicado no es sujeto ni el sujeto es predicado.

El sujeto, que es el protagonista de la proposición, si es un puro sujeto, sin mezcla alguna de predicado, no se puede nombrar, como digo más arriba. Lo que se hace generalmente es poner un predicado en el lugar del sujeto. Veamos si no es así.

No sólo predican los que tienen fama de predicadores, como los verbos, los adjetivos y los adverbios. También predican los nombres y los pronombres. Entiendo que quien esté en el papel del sujeto, cuanto menos predique mejor sujeto será, por eso me parecen mejores sujetos los pronombres que los nombres, porque predican menos. Luego la definición de pronombre al uso no me convence mucho. Porque no es que el pronombre esté en el lugar del nombre. Es el nombre el que está en el lugar del pronombre, cuando de sujetos hablamos.

El sujeto no debe predicar nada, para eso está el predicado, y quien predique es predicado. Si digo p. e. Él come pan, el sujeto es él. O si digo Antonio come pan, el sujeto es Antonio. Pero “él” predica algo del sujeto, dice que se trata de uno sólo, no de varios, y que es alguien masculino, varón o macho y descarta que se trate de alguien femenino, luego “él” es predicado, porque predica. Y ”Antonio” predica aún más, porque además de decir que es uno sólo y que es varón, que no es mujer, dice que se trata de Antonio, no es Pablo, ni José, ni Francisco y que él y sus padres son de lengua española, porque si no sería Antony o Antoine. Luego “Antonio” predica, y por ello es predicado. Ergo el pronombre es un mal sujeto y el nombre peor aún.

Y ¿cómo será un sujeto puro, que no tenga nada de predicado? No hay más que un par de sujetos puros sin mezcla de predicado alguno. Generalmente el sujeto es algo innombrable que no puede figurar en el discurso, porque lo más próximo, como son los nombres y los pronombres, lo describen, aunque sea mínimamente, predican acerca de él, son predicados. El sujeto es un ente misterioso, perteneciente a la realidad, pero que es casi inaprensible por el lenguaje, y ajeno al discurso que, paradójicamente, está presidido por su imagen.

Como lo que nombra a un sujeto lo predica, y no es el sujeto, porque es innombrable, luego si queremos referirnos al sujeto evitando predicados suplantadores lo suyo es señalarlo. Para ello bastaría con una señal, como, por ejemplo esta “>”. Si decimos: "Elena. es una portentosa abogada", el sujeto no es Elena, sino la persona designada con el predicado Elena. El nombre en cuestión es sincope de la proposición “esta persona llamada Elena”. De querer evitar tales predicados, y utilizando –como he dicho más arriba- la señal “>” resultará: "> es ua portentosa abogada”. Pero si el sujeto no está presente tendremos que decir además que “> se llama Elena”. Con lo que se hace uso no de una proposición sino de dos, siendo una de ellas elíptica. Por lo tanto en las proposiciones no hay sujeto que verdaderamente sea un sujeto, sino algo que llamamos sujeto y que verdaderamente es una imagen predicativa del sujeto.

Existe, digamos, el lugar del sujeto.

Y ¿qué hay en el lugar del sujeto?

Hay un PRONOMBRE o un NOMBRE, que no hacen otra cosa que “guardarle el sitio” y predicar indebidamente.

Y, por último ¿cuál es ese excepcional par de sujetos que anuncié antes?

Los pronombres personales en singular de primera y segunda persona YO y TÚ. Si digo P.e.: “Yo como”, “tú comes”. Yo y tú no predican nada. No dicen nada de ti ni de mí. Señalan meramente, y si me apuras ¡ni eso! Porque si digo: “como pan” se sabe que soy yo el que come y si digo “comes pan” se sabe que eres tú y tales pronombres no hacen falta. Ergo el sujeto o es innombrable o si se nombra es inútilmente.



4 comentarios:

Isa dijo...

Esa es una forma de verlo, Saltés, pero a mi la eficiencia del lenguaje me parece una virtud, y creo que es una pena renunciar a que los sujetos sean informativos. Igual el problema está en la denominación "predicado" que ocupa el terreno de todos...

Saltes dijo...

Isa, simplemente cultivo la pasión cinegética de buscarles los tres pies al gato.

El caso es que si se dice que la oración está formada por sujeto y predicado, se puede inferir legítimamente que el sujeto no es predicado.

Y ¡sorpresa! si uno se pone a buscar sujetos puros resulta que no los encuentras y si los encuentra son superfluos ¡es muy fuerte!

flaco dijo...

Se te hacen predicado porque no los sujetas.

Saltes dijo...

Sujetos ya están ¡hay que taparles la boca!