Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

domingo, 6 de julio de 2008

Cainismo volátil.

Este post, precedido de este dibujo del Salterio, se lo dedico a Ana que en esta semana entra en la década marcada por el 3 inicial, que es el número perfecto.LAS GOLONDRINAS.


Ha pasado la primavera, sin que viera una golondrina. Tan sólo la semana pasada vi a dos que estaban en el hilo telefónico que tanto les gusta. Ahora se ven muchas al atardecer planeando en lo más alto. Antes he visto vencejos , y uno de ellos me ha brindado la ocasión de hacer una buena acción, porque hace unos días fuimos a Cardoso de la Sierra y vimos a un pájaro que se revolvía torpemente en el suelo. Estará herido, dijimos, pero a mi se me encendió una lucecita y dije ”voy a ver”. Era un vencejo. Lo cogí y lo lancé a lo alto y salió volando.

No sé por qué será, pero las golondrinas son aves sagradas. Dicen que es porque le quitaban las espinas de la frente a Jesús, pero no creo. Y si Bécquer las pudo sacralizar, en el plano laico, tan fácilmente será porque son tabú.

Fijaos bien, aún en la época en que se comían pajaritos fritos -Sevilla tiene una calle llamada Pajaritos porque en ella había muchas tabernas donde vendían ese manjar- ¡nadie comería golondrinas fritas! A lo mejor son, o se tienen por, ángeles diminutos. En uno de los retablos más bellos que se han pintado: “La Anunciación” de Simona Martini hay unos ángeles con alas que parecen de golondrinas.
No se qué pasa pero las golondrinas tienen un halo de misterio. Nosotros fuimos testigo de un drama de golondrinas. Hace unos años observé en el techo del porche de mi casa, justo en la misma puerta de entrada, unas manchas de barro, y en el suelo muchas más. Me expliqué aquel enigma cuando vi un revolotear de golondrinas. Trataban de hacer un nido ¡y lo lograron! A pesar de que obraban en contra de la gravedad por lo que había mucho más barro en el suelo que en el techo.

Absurdamente toleramos esa situación aunque con no pocas tensiones familiares, porque justo en la entrada de la casa aquello era una guarrería, primero de barro y luego de mierda que caía del nido. Nos fuimos de vacaciones unos pocos días, y a la vuelta había bajo en nido y ante la puerta una enorme montón de estalagmitas de la mierda de los pájaros.

A pesar de no ser ornitólogos pudimos aprender muchas cosas de nuestras observaciones sobre esas aves. Quedó clarísimo que se trataba de una pareja que tras construir su nido, en el que empollaron tres huevos de los que salieron tres crías, de las que veíamos sus ansiosas cabezas, sus voraces picos, con grandes boqueras, que tragaban cuanto aportaban celosamente sus padres que venían volando turnándose al posarse. Huían de nosotros temerosos durante el día, mientras que de noche aguantaban el tipo para mantener caliente a su prole. Todo un ejemplo de abnegación, amor y entrega.

También resultó evidente el cariño y el mimo de los que hicieron gala esos minúsculos padres alados cuando enseñaron a volar a su prole. Se iban los cinco a un cable de teléfonos que cruza la calle, y los instructores se dejaban caer y salían volando para que sus discípulos siguiendo su ejemplo se adiestraran. Todo un despliegue de afecto y armonía.

Pasó el verano y ya en otoño, supongo, se despidieron a la francesa. Nos preguntábamos si volverían en la primavera siguiente. Y volvieron, no sé si las misma o eran distintas.

Apañaron el nido, revoletearon por allí, aparecieron las cabecitas con sus picos con boqueras. También como el año anterior se daban la vuelta ocultando la cabeza y enseñando el culo del que salían proyectiles de mierda (Creo que lo característico de las aves no es tanto el volar, porque todas no vuelan, como el cagar, porque cagan todas).

Observé que uno de los tres polluelos era más grande que sus dos hermanos, porque sobresalía bastante su cabeza y resultaba un poco chulo. El caso es que un día veo que uno de los golondrinos está en el suelo ¿qué ha pasado? ¿cómo se ha caído? Total que resuelvo meterme en donde no me llaman y me dispongo a restituir al golondrino en el nido. Yo había oído decir que a los pájaros de los nidos no hay que tocarlos porque si sus padres lo notan y aborrecen el nido. Así que subido en una escalera, con mucho cuidado y con unas pinzas de la cocina y un palillo de los de los chinos conseguí dejar a polluelo en el nido.

Observamos para ver si las golondrinas aborrecían o no el nido. Pero no parecía puesto que pasaron, como siempre, allí la noche. Al otro día la misma historia, el golondrino en el suelo. Me pareció que el hermano mayor lo arrojaba, supongo, para que hubiera una boca menos ¡qué hijo puta! con la experiencia adquirida lo restituí al nido rápidamente.

A la mañana siguiente vuelvo a ver al golondrinillo en el suelo, pero muerto y atacándole ya las hormigas. En todo el día no vi aparecer los padres por lo que deduje que habían aborrecido el nido y a su prole que sucumbiría en la noche relativamente fría de agosto.

Todo aquello parecía una tragedia, pero es que ¡claro! nos empeñamos en humanizarlo todo ¡qué coño tenemos que intervenir en la vida de los bichos, ni en interpretar nada! A escobazos quitamos lo que quedaba del nido.

En la primavera siguiente ¡volvieron las oscuras golondrinas! Pero no dejamos que hicieran el nido barriendo los pegotes que iban dejando en el techo ¡y forcejearon lo suyo!

Pero al final desistieron.

¡Hasta hoy!


2 comentarios:

Isa dijo...

Qué horror, aquello fue traumático!...Pero has sacado una vez más un tema que me intriga. El asunto de la humanización de las bestias parece más nítido, pero hay otro más peliagudo, que es lo que podríamos llamar "la humanización de los humanos". Me explico: creo que hay gente que extiende la máxima de "no meterse donde a uno no le llaman" también a las vidas de los demás humanos, lo cual les lleva a tomar como naturales e irremediables las grandes desgracias humanas (léanse guerras, hambrunas, costumbres crueles...). El argumento que yo intuyo que utilizan es el mismo de las golondrinas: las cosas son como son y meterse lo que provoca muchas veces es que sean aún peores. Creo que piensan que el problema es del que sufre por desgracias agenas absurdamente, pues las desgracias están ahí y no se pueden remediar.

Yo rechazo este modo de verlo, porque creo que es algo así como una maldición de autocumplimiento, pero sí me he encontrado gente que entiende el mundo de esa forma.

Saltes dijo...

Isa, creo que lo característico de la gente no es "no meterse donde no le llaman" sino meterse en todo, y a establecer leyes humanas que pretenden ser las leyes del universo.

Cuando los humanos destruye la naturaleza están abusando y muchas veces cuando la proge -la sobreprotege- también abusan. Es penoso ver en la dos a los osos, y a toda clase de animales, con collares que sujetan un transmisor, o cuando para controlar la población de elefantes aniquilan a familias completas. La Naturaleza se convierte en una jodida granja. En tal caso "no meterse en donde no le llaman a uno" significa cortarse un poco en ese afán petulante de hacer putadas.

La "hermandad" con los animales es un sarcasmo habida cuenta que hay carnicerías y mataderos. Y como vamos a tener carnicerías y mataderos para largo mejor será evitar los sarcasmos.

Extender la conducta respecto a los animales a los humanos es infumable. Son planos distintos que conviene no mezclar. La obligación con los congéneres es inexcusable. Con los bichos bastaría con no pasarse. Aunque es algo difícil de determinar.