Salterio Online

Bienvenidos al blog de Tomás Garcia Asensio también conocido como Saltés. Los que me conocen sabrán de que va esto, y los que no, lo irán descubriendo...

martes, 11 de diciembre de 2007

El peligro vegetal.



Este post, que está precedido por un clásico del Salterio, se lo dedico a Marta con quien he celebrado en estos días un tiempito respetable de feliz convivencia. EN EL REINO VEGETAL HAY MUCHO HIJO DE PUTA.



Este post viene un pelín retrasado porque me fui de puente, más que con toda la familia, con toda la tribu, y a la vuelta algunas urgencias me han impedido ser puntual en algo tan esencial.

Nos fuimos a Pozancos, cerca de Sigüenza, y los paseos por la naturaleza, por el reino vegetal, sobre todo por la Hoz del río Dulce, me evocaron recuerdos, y estos reflexiones que expreso a continuación.

Se que hoy en día resulta políticamente incorrecto criticar a los desvalidos. Y así son -respecto a la motilidad- los vegetales, sobre todo en relación con los animales. Principalmente los terreros y algunos acuáticos. Aunque una parte de los que viven en los océanos están, como los vegetales, sujetos al suelo.

Todos estos seres enraizados están por ello a merced del común de los animales, que campan por sus respetos. Y se piensa:¡pobres vegetales, abandonados a la suerte de la depredadora zoología!

Bueno, pues en muchos casos de pobres ¡nada! Porque tienen la mala leche, la mala savia, propia de muchos tullidos que siempre andan medrando y tratando de sacar ventaja de su desgracia.

El ejemplo más claro es el de los árboles ¿Qué es un árbol? Pues una mata encaramada en lo alto de un tronco ¿Para qué? Pues para atrapar la luz del sol arrebatándosela a las otras matas que no han podido desarrollar un podio. Y entre todos los encaramados pugnan por alcanzar la mayor ventaja posible hasta alcanzar la mayor altura que la gravedad permite a una columna de agua. Porque de no ser así seguirían creciendo indefinidamente.

Otros, como las lianas y bejucos se enroscan en los troncos para alcanzar las copas, careciendo del maderamen necesario llegan a estrangular a sus huéspedes. Son los famosos matapalos que consiguen a veces entretejer un tubo con el que logran permanecer en pie y prescindir de su tutor que muere, se pudre y desaparece.

Pero no sólo compiten los vegetales entre ellos, sino también con los animales, desarrollando espinas para defender su territorio. Y también venenos que los ponen a salvo de sus móviles enemigos de la zoosfera. Del mismo modo proceden los animales marinos que viven fondeados, como los corales y las ascidias. De hecho Celtia tiene mucho éxito desarrollando poderosos medicamentos basados en las secreciones de estos últimos animales cuyas colonias tienen el inocente aspecto de racimos de uvas.

Habréis notado un fondo de odio en lo que os digo, un resentimiento. A pesar de lo placentero del viaje a las orillas del río Dulce en Peregrina realizado recientemente, me ha recordado una experiencia terrible, la vivida hace unos años en La Pedriza.

Fuimos de excursión al Yelmo y me perdí. No encontraba el Yelmo, ni a mi hija Ana, que era muy pequeña ¡y se llevó un gran disgusto!, ni al resto de los expedicionarios. Me dije ¿y ahora qué hago? Y vi un pequeño río, que supongo sería el Manzanares, que bajaba empinado hasta llegar al pueblo Manzanares el Real y desembocar en el embalse de Santillana. Se veía allá abajo algo parecido a un espejito rectangular que resultó ser el techo metálico de un edificio de la compañía del Canal de Isabel II.

El plan de salvamento era clarísimo: vadear el río y llegar al pueblo y allí llamar por teléfono o coger un autobús ¡Pero no contaba con las zarzas!

Según bajaba iba recibiendo arañazos de esa maraña. Y desgarrones, pinchazos y cortes de aquellas matas agresivas que defendían un territorio que yo no pretendía invadir ¡sólo pasar!

No recibí daño de ningún animal. Ningún insecto o arácnido me agredió, ni vertebrado. De ningún alacrán, ni araña, avispa, serpiente o alimaña recibí daño alguno. Pero aquellas zarzas me dejaron hecho un Ecce Homo. Parecía el Cristo de Grunewald, lleno de laceraciones, espinas, totalmente magullado y ensangrentado.

Por eso a las zarzas del río Dulce las miré con mucho respeto, y a pesar de no recibir más que algún leve arañazo de aviso, alerté a los otros: ”¡Cuidado! que cuando estas jaritas se ponen en plan hijas de puta…hay que temerles.”

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Caramba Tomás, confundir "zarzas" con "jaritas" es jodido!
Para mí que tu aventura, en Manzanares el Real, y tu lamentable estado final ( Cristo de Grunewald ) fué casi, casi...provocado.
Algo así como un "autocastigo" por haber perdido a tu hija.

anaïs dijo...

Me encanta el clásico del Salterio que daría para toda una serie....

Si la tierra fuera un limón, qué zumo tan amargo!

Si fuera una cebolla la cortas y lloras (yo muchísimo)

Para el primero podría haber alguién dándote azucar "ONG" para que te costase menos beber el zumo, para el segundo la persona podría tener la punta de la cebolla sobre la cabeza(podría ser la punta 0,7%PIB)...

Lo que me encanta es que está todo pensado, el globo terráqueo con sus meridianos y paralelos (...y lelas, sin discriminar) representación de la tierra dominada y no simplemente el planeta, que es tan bello que su zumo no sería amargo sería una naranja... ¡azul!

Saltes dijo...

¡Llevas razón Anónimo no hay que confundir zarzas con jaras! Es imperdonable error mío y han pagado justas por pecadoras.

Por otra parte lo de Manzanares no fué un autocastigo, fué que tenía que bajar por allí y no contaba yo con que las zarzas, no las jaras, son unas hijas de puta. Y no fué una penitencia por haber perdido a mi hija, ella no se perdió, estaba a buen recaudo con sus primos y muchos amigos. Sino un precipitado intento de que mi hija no perdiera a su padre.

Anaïs, yo no había puesto el ojo tanto en la Tierra como en el que la exprime y en el hecho de que ese la está exprimiendo, pero me parece muy bien todo lo que dices.

1 beso.

rubensan dijo...

A veces me da por pensar que quizá las cosas no son lo que parecen ni mucho menos. Igual nuestra visión antropocéntrica es en sí misma un error garrafal. Quizá nosotros que nos creemos los más listos y los más evolucionados en realidad somos los más tontos.

A veces pienso que los animales son mucho más listos que nosotros, que ya han pasado por donde estamos nosotros ahora, y al final han llegado a la conclusión de que es mucho mejor no complicarse la vida con inventos, trabajo y demás, y han preferido vivirla de una manera más sencilla. Y nos miran a nosotros, ignorantes, sabiendo que ellos ya están de vuelta.

Y entonces quizá las plantas están en una fase aún superior. Han llegado ya a la conclusión de que tampoco merece la pena andar correteando por ahí, y han preferido la vida contemplativa que llevan. Pero claro, a veces también sacan a pasear su mala leche cuando incordiamos demasiado.

Saltes dijo...

Rubensan, a mi me asaltan los mismos pensamientos. lo que me parece que pasa es que los humanos somos unos seres enloquecidos. Una especie de Don Quijote que no perciben ni se las ve con la realidad directamente. Pero los bichos si, interpretan estímulos de la realidad. Los humanos nombran los diversos componentes de la realidad. Y al nombrarlos le otorgan una entidad inventada que tales componentes no tienen. Y luego se las ve, no con los componentes sino con sus nombres y sus cualidades inventadas. de modo que como D.Q. ve gigantes donde hay molinos, ejercitos en los rebaños y enemigos en los pellejos de vino.

La diferencia entre el Q. y la humanidad es que en ese libro estaba loco sólo D.Q., mientra que en la humanidad estamos locos todos, Sancho, el cura, el barbero, el ventero ¡todos! porque nadie se maneja con las cosas sino con el nombre o las representaciones de las cosas ¡y cada vez más! Los indios, si es verdad lo que sale en las películas, todavía interpretan indicios de la realidad.

¿Y las plantas? Creo que ni perciben signos de la realidad, ni tampoco estímulos de la realidad, sino que se las ven con la realidad misma, pillan agua donde la encuentran y anhídrido carbónico del ambiente ¡y ya está!

Son raros los libros de divulgación de botánica. Yo tengo sólo dos y son cojonudos: "Las plantas. "Amores y civilizaciones vegetales" de Jean Marie Pelt de la Biblioteca Científica Salvat de 1987. No se si lo habrán reeditado en algún sitio. Y el otro es del mismo autor y de otros. Se titula La historia más bella de las plantas. Las raices de nuestra vida. de Anagrama y es de 2001.

En uno de ellos habla como la gente reparte plantas por el mundo y dice "es que ellas (las plantas) nos utilizan. Y atribuye voluntad las plantas, en plan Schopenhauer